San Francisco y la Naturaleza

francisco de asis

(Artículo publicado en Cuadernos Franciscanos, Chile, 1989. Nº 86, por  Urbano Plentz, ofm.)

INTRODUCCION

Cuando se habla de san Francisco, a muchas personas les viene a la mente el hecho de que él es amigo de la naturaleza y de los animales. Tal vez relativamente pocos sepan que Francisco es Patrono de la Ecología; declarado oficialmente por el papa Juan Pablo II, el día 29 de noviembre de 1979.

Infelizmente, para una gran parte de las personas, san Francisco es apenas objeto de una admiración sentimental y romántica. No lo conocen de modo más profundo. Y, menos aún llegan a imitarlo en su amor auténtico a todas las criaturas, animadas e inanimadas, del universo entero. No llegan ni a imaginar la posibilidad de un amor fraterno cósmico. Llegar a amar al sol, a la luna y a las estrellas, como Francisco las amó.

Y, Francisco vivió ese amor “concreto”, telúrico y cósmico al mismo tiempo, acogiendo, en el más profundo amor fraterno a todas las criaturas como hermanos y hermanas de verdad. Es el Francisco, simultáneamente, humano y cristificado. Es el santo, incómodamente próximo a nosotros en su manera tan humana de ser; y es el hombre tan increíblemente lejano de nosotros en su santidad provocadora y profética. Es el santo que provoca la admiración y es el hombre que obliga a la imitación. Y todo eso armónicamente integrado en un hombrecito tan pequeño e insignificante, que nunca pisó una universidad para hacer estudios, pero que se tornó materia de estudios en muchas universidades actuales. Francisco, que nunca aceptó ser identificado con algo que fuese grande o importante, pero que hoy es considerado como uno de los mayores santos de la historia, uno de los mayores genios de la poesía universal y el mayor profeta de todos los tiempos en la predicación del Evangelio y, principalmente, del “mandamiento nuevo de Cristo”, o sea, del amor a todos los hombres, y a todas las criaturas del universo cósmico.

Ese hombrecito, tan común y simple, y al mismo tiempo tan extraordinario y diferente, que encanta y cautiva, a lo largo de ocho siglos, a la humanidad entera. Personas simples y analfabetas, así como los sabios y los grandes genios de la humanidad, todos se paran delante del Pobre de Asís. Unos le piden una gracia o un favor, otros intentan descubrir su maravilloso secreto para vivir. Católicos y protestantes, hombres de fe y ateos, científicos y teólogos, materialistas y místicos, todos sienten una extraña fuerza que los atrae hacia ese hombre diferente. Es una fuerza que todos sienten, pero que pocos saben explicar. Es una influencia que muchos perciben, pero que pocos llegan a imitar.

Es delante de esa persona, del “idiota” (como él mismo se llamaba), del “santo y genio” (como nosotros lo llamamos), que ahora nos vamos a situar. Y queremos pedirle que nos deje entrever un poco de su secreto de vida, para que de él aprendamos a ser mejores y podamos construir un mundo más humano, más fraterno, más evangélico y más franciscano. Un mundo en que los hombres se redescubran como hermanos y redescubran a todas las criaturas como hermanas. Que san Francisco nos enseñe a construir un mundo nuevo, en que la naturaleza vuelva a ser la fiesta de Dios creador, que nos ofrece el espectáculo gratuito de la naturaleza deslumbrante y fantástica, como la inmensa catedral del hombre, donde él celebra la liturgia cósmica con todas las criaturas hermanas y entra en comunión vital con el propio Dios, que se reviste de la naturaleza humana. Y san Francisco es el sacerdote de esa misa universal sobre la tierra, ofreciendo al Padre en la patena del universo. Y todas las criaturas cantan la sinfonía universal y cósmica, de este ofertorio de la creación, que san Francisco prepara en el altar del universo. Y todos somos invitados a participar de esa “Misa Ecológica”.

Dada la extensión del artículo, hemos decidido transcribir el enlace que nos permitirá acceder a todo su contenido. Pinchar en el siguiente enlace:

http://www.mercaba.org/K/Ecologia/san%20francisco%20y%20la%20naturaleza.htm

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