CRISTO es el «Siervo»

CRISTO ES EL «SIERVO»
según los escritos de san Francisco

Repetidas veces Francisco da gracias al Padre y lo glorifica porque quiso que su Hijo, «verdadero Dios y verdadero Hombre, naciera de la gloriosa siempre Virgen beatísima Santa María» (1 R 23,3); y el Verbo del Padre recibió, en el seno de la Virgen, «la carne verdadera de nuestra humanidad y fragilidad» (2CtaF 4). Por esto, Francisco saluda a María con términos muy concretos que, en definitiva, no expresan sino su maternidad; a través de ella, Francisco canta la encarnación de Cristo en su seno (CtaO 21; SalVM).
Así, pues, al contrario que las herejías de su tiempo (como los cátaros que hablaban de apariencia de humanidad), Francisco llamó mucho la atención de sus hermanos sobre esta maravilla que lo arrobaba: Dios tomó un cuerpo de hombre.

Su mirada de fe equilibrada no separa nunca la condición divina y la condición humana de Cristo, su rostro glorioso y su rostro sufriente y frágil. En ese Cristo Señor veía siempre a «Aquel que tanto ha sufrido por nosotros». Desde su conversión, Francisco adoptó la oración litúrgica del «Adoramus te» (Test 5), porque expresaba bien lo que él creía y lo que él vivía. Hay que adorar a este Cristo y bendecirlo porque es el Redentor del mundo por su cruz. Para él, como para san Juan, la Gloria de Cristo Señor brota de su anonadamiento, de su humanidad crucificada, donde se manifiesta la Gloria de Dios, es decir, su secreto íntimo.

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Y Francisco utilizará otra serie de imágenes que expresan para él ese misterio de anonadamiento:

1. Cristo SIERVO. Cristo es aquel que lavó los pies de sus discípulos; ésta es una de las imágenes cristológicas más fuertes que haya impresionado el espíritu de Francisco. La tarde del Jueves Santo constituye un elemento esencial de la espiritualidad del «hermano menor»; y cuando Francisco querrá que sus hermanos se llamen «menores» (es decir, los más pequeños, los últimos, los siervos de la casa), les impondrá ese nombre refiriéndose evidentemente al gesto de Jesús que lavó, Él mismo, los pies a sus discípulos.

2. El Siervo SUFRIENTE. Es una imagen muy fuerte, que se desprende sobre todo de su «Salterio» (llamado incluso Oficio de la Pasión), donde Francisco se identifica con la voz del Hijo ultrajado que expresa a su Padre su soledad en el sufrimiento a la vez que su confianza filial.

3. Cristo MENDIGO y PEREGRINO. Esta imagen es más original de Francisco, quien, con frecuencia, tiene esta visión insistente y extraña de un Cristo tirado por los caminos del hombre, y que, con su madre, vivió de limosna como todos los mendigos: «Y cuando sea necesario -dice Francisco a sus frailes-, vayan por limosna. Y no se avergüencen, sino más bien recuerden que nuestro Señor Jesucristo, el Hijo de Dios vivo omnipotente, puso su faz como roca durísima, y no se avergonzó. Y fue pobre y huésped y vivió de limosna él y la bienaventurada Virgen y sus discípulos» (1 R 9,3-5). Esta imagen, que no tiene apoyo concreto en los textos evangélicos, le fue sugerida, tal vez, por palabras como «las raposas tienen cuevas y las aves del cielo nidos; pero el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza» (Mt 8,20). (…)
Cristo es también el Mendigo. Todas las limosnas del mundo le son debidas a Él, y a aquellos que son pobres como Él ante el Padre. «La limosna es la herencia y justicia que se debe a los pobres, adquirida para nosotros por nuestro Señor Jesucristo» (1 R 9,8).

4. Cristo es el GUSANO. Imagen cristológica que también evoca en Francisco la encarnación de Cristo rechazado y despreciado, que asumió nuestra condición de «gusanos despreciables y pecadores» (2CtaF 46). (…)

5. Cristo es el CORDERO. En el misterio eucarístico, Francisco discierne a la vez la presencia del Señor resucitado, y también la imagen del Cordero cuya sangre, libremente derramada, es la de la Nueva Alianza. Por lo demás, esta imagen polivalente no evoca simplemente el don y el abandono de Cristo, sino también el Señorío glorioso del Cordero que reina en los cielos, según la visión del Apocalipsis.

6. Cristo es el BUEN PASTOR. Imagen muy querida por Francisco, que la evoca repetidas veces en sus Escritos. Cristo es a la vez el que da su vida por sus ovejas y el que las conduce hacia la vida en plenitud. (…)
Sí, Cristo es ciertamente el Dios creador, el Dios de Israel, el Dios vivo y verdadero, el Juez supremo; pero es también el Siervo que lavó los pies de sus discípulos, el Mendigo, el Peregrino, el Siervo sufriente, el Gusano, el Cordero, el Buen Pastor que dio su vida… Francisco había captado que las riquezas de Cristo no pueden encerrarse ni expresarse en un solo título o en una sola imagen. ¿Cómo «decir» ese misterio del Altísimo que se hace cercano al hombre? Siempre balbuceando. Ayer como hoy. Sin jamás sistematizar un título o una imagen, ni siquiera una definición dogmática. Admiración y asombro fueron las principales claves de Francisco.

Por Michel Hubaut o.f.m.
(En “Directorio Franciscano” Año Cristiano Franciscano, publicado el 9 de Enero de 2016)

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