Dedicación de la Basílica de San Francisco en Asís.

San Francisco quiso morir cerca de aquella Porciúncula de donde había tomado principio su vida religiosa. Pero a él, que había escogido la pobreza como camino hacia el amor y dejaba en herencia a sus hijos la pobreza para que la guardaran celosamente, sus hijos y el pueblo asisiense quisieron erigir, alentados por el mismo Papa, una basílica que fuera como un anticipo y un signo de la gloria celestial que le había otorgado Dios mismo. Y Fray Elías se encargó y quizás proyectó las tres iglesias superpuestas que todo el mundo visita admirado. En la oscuridad de la tierra está cavada la primera iglesia, que conserva el cuerpo del Pobrecillo; es la humildad de la vida de donde se eleva la primera gloria de la iglesia intermedia, con las espléndidas alegorías de las virtudes y encima, en una danza de luz, la iglesia superior. Los pintores entrelazan los dos temas: la pasión de Cristo y la historia de Francisco, subrayando la necesidad de imitar a Cristo para alcanzar el cielo.

El 25 de mayo de 1253 era solemnemente consagrada la basílica que Fray Elías había hecho erigir sobre el monte del Paraíso a Francisco de Asís. La había concebido como un sueño de glorificación sin par; tres iglesias superpuestas. Allá en la oscuridad de la tierra la tumba con el cuerpo del Santo. Sobre ésta la iglesia intermedia, invadida de una luz todavía débil donde fuera representada la vida del Santo, su ascenso según las alegorías de las virtudes y sobre todo según el tema dominante de su vida religiosa: Cristo Crucificado. La tercera iglesia está en plena luz del día, donde escenas bíblicas y episodios sobresalientes de la vida de Francisco, los más densos de humanidad y de transformación, se extienden paralelamente sobre las paredes. Era la exaltación de un Santo, de aquel “Santo único”, pero también el más alto grado de la fe renovada en aquel Dios hecho hombre al que Francisco tanto se había acercado.

San Francisco murió el año 1226. Dos años después, en 1228, el papa Gregorio IX lo canonizó en Asís y mandó que se levantara una suntuosa iglesia en las afueras de la ciudad para su sepultura. Él mismo puso la primera piedra y la distinguió con el título de «Cabeza y Madre» de la Orden de los Menores. Terminadas en lo fundamental las obras, el 25 de mayo de 1230 fue solemnemente trasladado el cuerpo de san Francisco desde la iglesia de San Jorge, donde había sido sepultado después de su muerte, a la nueva basílica. Más tarde, el 25 de mayo de 1253, Inocencio IV consagró personalmente y con gran solemnidad esta iglesia. Y Benedicto XIV la elevó a la dignidad de Basílica patriarcal y Capilla papal el 25 de marzo de 1754.

Oración: Señor, tú que edificas el templo de tu gloria con piedras vivas y elegidas, multiplica en tu Iglesia los dones del Espíritu Santo, a fin de que tu pueblo, por intercesión de nuestro Padre san Francisco, crezca siempre para edificación de la Jerusalén celeste. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

Santoral Franciscano.

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