50 años de sacerdocio de Fr. Rafael Pozo. ¡Feliz Aniversario!

50 AÑOS LLENOS DE FELICIDAD

Para mis muchísimos amigos y amigas de Paz y Bien de España y Guatemala, de la Fundación Tutelar TAU, mis hermanos Capuchinos, y para tantísimas personas que se han cruzado muy gratamente en mi vida, les comunico que hoy, día 15 de febrero, fui ordenado sacerdote hace 50 años y solamente conservo en mi mente y en mi corazón gratísimos recuerdos. Aunque mi infancia transcurrió en un ambiente de pobreza y de duro trabajo en el campo, fue para mí el aprendizaje más importante, ya que mis padres me enseñaron a ser honrado, a valorar las cosas y a saber ganarme el pan de cada día con el sudor de mi frente.

Gracias al padre Faustino de Sanlúcar fui aceptado en el Seminario Seráfico de Antequera sin reunir las más mínimas condiciones exigidas, pues no había estado escolarizado, y mis padres no podían comprarme el equipamiento necesario exigido a todos los aspirantes. Mi estancia en el Seminario fue muy dura, durísima. Veía que todos mis compañeros habían alcanzado una formación y unos hábitos académicos de los que yo carecía. Es más, hacía con frecuencia el ridículo a la hora de comer porque jamás había manejado el cuchillo y el tenedor. Pensaba que antes o después me despedirían.

1. El Padre Faustino de Sanlúcar, mi segundo padre, el día que profesé solemnemente mis votos religiosos.

Jamás pensé en ser Capuchino, pero conforme fui conociendo la figura de Jesús y el ejemplo de muchos Capuchinos me emocioné y quise poner en práctica el ejemplo de Jesús de Nazaret: trabajar para apoyar a todas aquellas personas que vivían en situación de exclusión. Por eso, al terminar mis estudios, solicité marchar a Guatemala y poner en práctica el mandato de Jesús.

Hoy no tengo más remedio que decir que he sido un afortunado y debo confesar que el Señor me ha bendecido en cada actividad o acción pastoral que he iniciado. Me he encontrado con personas que han compartido mis ideas y mis objetivos, por lo que ha sido posible que todo mi trabajo se haya multiplicado basándose en dos motivos fundamentales: primero de todo, el creer en las personas y, en segundo lugar, formar equipos con capacidad de decisión, a los que siempre he pensado que mi misión era acompañarles, fortalecerles y animarles en la ejecución de su actividad.

Gratos recuerdos de nuestras vacaciones veraniegas en Galaroza. Participábamos en todas las actividades culturales y recreativas que se organizaban en el pueblo.

Tengo que agradecer públicamente a mis Hermanos Capuchinos por haberme dado la oportunidad de poder dedicar íntegramente estos cincuenta años a realizar los proyectos con una dimensión social. Agradecer a mi primer grupo de trabajo en Guatemala, dígase catequistas, animadores comunitarios, promotores agrícolas, grupo de monitores dedicados a los programas de alfabetización… Gracias a ellos pudimos realizar una gran labor. Igualmente, reconocer el apoyo y el compromiso que en todo momento recibí del grupo con el cual empezamos a trabajar en la promoción de la revista El Adalid Seráfico o el nacimiento y organización de la Asociación Paz y Bien y la Fundación Tutelar TAU. Gracias a ese esfuerzo en común, hoy son muchísimas las familias para las que, de alguna manera, su proyecto de vida, se ha dignificado. Igualmente, no podemos olvidar que son muchísimos los jóvenes con discapacidad que estaban en la cuneta y que, gracias a nuestro apoyo hoy, son ciudadanos de pleno derecho.

3. Primera misa celebrada el 15 de febrero en el Convento de Capuchinos. Actualmente solo permanecemos como Capuchinos Fray Diego Díaz Guerrero y un servidor.

Al llegar a la plenitud de mi vida, cuento por miles los que forman mi familia. Y aunque mi familia biológica, padres y hermana, ya no están conmigo, siento el calor humano de miles de personas, las que me animan diariamente a seguir en esta apasionante lucha de estar al lado del que tiene hambre, el enfermo o el marginado.

Desde el año 2007 estoy dedicado el mayor tiempo al cuidado de mi ‘nieto’, que se llama Paz y Bien Guatemala. Quería devolverle a aquella bendita gente de Quezaltepeque, Concepción Las Minas y San Jacinto todo lo que me habían dado durante los cuatro años que viví con ellos. ¡Qué felicidad se siente cuando se ve que ese ‘nieto’ ha crecido y hoy por hoy es un referente de cómo tratar y respetar a las personas que como yo, en mi juventud, viven en situación de pobreza y aislamiento! Nadie puede imaginarse los servicios de calidad que estamos prestando a nuestra comunidad de Oriente.

4. Comunidad de Capuchinos andaluces con los que conviví durante mi estancia en Guatemala.

Y como creyente que soy debo agradecer a muchísimas hermanas y hermanos que diariamente elevan sus oraciones para que este humilde capuchino pueda seguir cumpliendo sus sueños de amor y de servicio a los más necesitados.

Fr. Rafael Pozo Gascón, ofmcap.

Desde la Asociación “Francisco de Asis” de los Antiguos Alumnos del Seminario Seráfico de Antequera, nos congratulamos por estos 50 años de servicio, dedicados con esfuerzo, pasión y vocación a la tarea de cubrir las necesidades humanas y espirituales de tantos feligreses como los derechos de las personas con discapacidad.

¡FELIZ 50 ANIVERSARIO, QUERIDO RAFAEL!

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1 respuesta a 50 años de sacerdocio de Fr. Rafael Pozo. ¡Feliz Aniversario!

  1. alumnosseraficos dijo:

    Hermano Rafael Pozo: Enhorabuena por tus 50 años de sacerdocio. Desde aquellos días del Seminario donde aprendimos, con mayor o menor dificultad, a ser hombres para intentar mejorar un poco este mundo, me felicito por haber tenido la fortuna de conocerte y compartir juegos y estudios. Para muchos compañeros sigues siendo un ejemplo en el servicio a los demás, sobre todo a los más apreciados por ti, las personas con discapacidad. Gracias por tanta solidaridad.
    Con un fraternal abrazo,
    José Fernández de Otura.

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