Cada día brota una historia

Ha llegado la canícula y nuestro Blog suspira por encontrar almas caritativas que aporten una publicación o artículo o lo que sea que nos ilustre, amenice, recuerde, distraiga, forme, entretenga, cuestione…

La continuidad del blog ha representado para muchos un referente de consulta cotidiano que les sirve de conexión y enlace con aquellos compañeros que a causa de la distancia geográfica y/o emocional  no tienen la posibilidad de compartir recuerdos, vivencias o simplemente chascarrillos. Por ello, de nuevo este año, no nos vamos de vacaciones, seguiremos al pie del cañón manteniendo vivo el objetivo comunicativo del blog y recreando ese espíritu integrador de personas que en un día de sus vidas eligieron compartir un ideal franciscano y que cada uno, a su manera, ha tratado de plasmar en el devenir de sus experiencias y relaciones con los demás……

Acudimos de nuevo a la obra literaria “Los hijos de los días” (Ed. Siglo XXI, 2012),  de Eduardo Galeano, para entresacar algunas de sus 366 historias, en las que el autor refleja la vida de hombres y mujeres célebres o anónimos, que muestran las fragilidades de personajes conocidos y la grandeza de los ignorados.

El mismo Galeano,  hablando de estas pequeñas historias nos recuerda que  “vivimos presos de una cultura universal que confunde la grandeza con lo grandote. Yo creo, o más bien dicho yo sé, por experiencia, que la grandeza alienta, escondida, en las cosas chiquitas, las pequeñas historias de la vida cotidiana que van formando el colorido mosaico de la historia grande. No es fácil escuchar esos susurros cuando malvivimos la vida convertida en espectáculo estrepitoso y gigantesco”.

Seguro que cada uno, entre estas historias, encuentra la suya, o encuentra por lo menos el espacio para reflexionar, para darse cuenta de algo, para pensar un poco. Dejémonos llevar.

 

La historia de hoy nos habla de:

El libro de los prodigios

En un día de éstos de 1455 salió a luz la Biblia, pri­mer libro impreso en Europa con tipografía móvil.

Los chinos venían imprimiendo libros desde hacía dos siglos, pero fue Johannes Gutenberg quien inició la difusión masiva de la más apasionante novela de la literatura universal.

Las novelas cuentan pero no explican, ni tienen por qué explicar. La Biblia no dice qué dieta siguió Noé pa­ra llegar al Diluvio con seiscientos años de edad, ni cuál fue el método que usó la mujer de Abraham para que­dar embarazada a los noventa, ni aclara si sabía hablar en hebreo la burra de Balaam, que discutía con su amo.

(Galeano, Eduardo. “Los hijos de los días”, pag. 71. Ed. Siglo XXI de España Editores, S.A. 2012)

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