Aprobación de la Regla de San Francisco

El 29 de noviembre de 1223, el papa Honorio III aprobó solemnemente la Regla definitiva de San Francisco. La conocemos como Regla bulada, porque el Papa la aprobó y confirmó con una bula; como Regla segunda, en relación con la Regla de 1221, que no obtuvo aprobación pontificia; o como Regla de 1223, por el año de su aprobación.

 

Es la Regla que profesan y asumen los seguidores de san Francisco, todos los cuales se comprometen a seguir las huellas de Cristo y a vivir su Evangelio observando esa «forma de vida». San Francisco decía: «La Regla es el libro de la vida, esperanza de salvación, médula del Evangelio, camino de perfección, llave del paraíso, pacto de alianza eterna. Quería que la tuvieran todos, que la supieran todos y que en todas partes la meditaran» (2 Cel 208).

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Conmemoración de todos los santos de la Orden Franciscana

En la misma fecha en que san Francisco obtuvo de la Iglesia la aprobación de la «regla y vida» de su Orden, ésta celebra la fiesta de todos sus santos, de todos aquellos que, observándola, llegaron a la más alta perfección. Es la fiesta de la santidad cristiana empapada del espíritu y estilo de san Francisco.

Oración: Dios todopoderoso y eterno, que has enriquecido a tu Iglesia con la santidad de innumerables franciscanos, concédenos a los que celebramos en una misma fiesta los méritos de todos ellos, seguir sus huellas en la tierra y obtener el premio de la salvación en el cielo. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

CONMEMORACIÓN DE TODOS LOS DIFUNTOS DE LA ORDEN FRANCISCANA. A semejanza de la Iglesia universal, que celebra a todos los santos el 1 de noviembre y conmemora a todos los difuntos el 2 del mismo mes, la gran Familia franciscana festeja a todos sus santos el 29 de noviembre y antes recuerda a todos sus difuntos el día en que, después del 2 de noviembre, no lo impida otra celebración. San Francisco y santa Clara mandan en su correspondientes Reglas a sus hermanos y hermanas que oren por los difuntos. Este mandato, que es de aplicación constante, adquiere en esta fecha una dimensión litúrgica y universal: es el recuerdo orante de todos cuantos han seguido a Francisco y a Clara en cualquiera de sus ramas y formas.

Oración: Oh Dios, gloria de los fieles y vida de los justos; nosotros, los redimidos por la muerte y resurrección de tu Hijo, te pedimos que acojas con bondad a nuestros hermanos franciscanos y a nuestros parientes y bienhechores difuntos, y, pues creyeron en la futura resurrección, merezcan alcanzar los gozos de la eterna bienaventuranza. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén

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Los “vocacionistas” en el convento capuchino de Antequera

A las siete semanas de tener que cerrar los capuchinos.

Las puertas de Capuchinos vuelven a abrirse en Antequera tras siete semanas que los religiosos franciscanos capuchinois tuvieron que irse por falta de vocaciones. Casualidad que fuera en el domingo mundial de las misiones (DOMUND) cuando un sacerdote de Colombia y dos de Indonesia vienen a la ciudad para abrir la primera fundación de los Vocacionistas, una congregación italiana del siglo XIX.

Conrado Alonso Gómez Pérez tiene 47 años, lleva seis de sacerdote y hasta ahora ha vivido en su país, Colombia. Deja Medellín por Antequera para «buscar vocaciones, las que el Señor quiera» y abrir paso a su comunidad religiosa de la Congregación de la Sociedad de las Divinas Vocaciones, conocida como padres vocacionistas, fundada en Italia por el beato Giustino María Russolillo en 1920, al que sólo le falta la ceremonia para ser santo de la Iglesia Católica. Le ayudarán Antonius Mboi y Elvianus Nana, naturales de Indonesia, con 31 y 32 años respectivamente, quienes tras tres meses de su ordenación sacerdotal, reciben la misión de venir a España.

En una ciudad muy religiosa, conocida por el número de iglesias y tener el mayor número de conventos de clausura de la provincia, se apagan las vocaciones. La comunidad capuchina se fue en septiembre tras haber estado en ella desde 1613, siendo entonces la primera población andaluza a la que acudían. Ahora, siete semanas después, una nueva orden religiosa reabre las puertas del convento y de la parroquia de la zona de expansión residencial de la ciudad. Es de nuevo el primer lugar donde el sol alumbrará su misión, pero esta vez para toda España.

De Colombia e Indonesia a España

Llevan apenas cuatro días en Antequera, han dejado sus países donde recibieron la llamada del Señor por medio de la congregación. Ahora les toca otro país, otro continente, otra cultura para sembrar lo que recogieron en casa. El párroco lleva seis años de sacerdote y los dos ayudantes, tres meses. Tienen mucho trabajo por delante: una parroquia, tres capellanías y mantener un convento con el anterior sello capuchino.

España se suma a su casa natal, Italia, junto a Francia e Inglaterra, como países europeos; además de otras naciones de América, África y Asia. Junto a los tres religiosos, se ha desplazado provisionalmente el consejero general, el italiano Salvatore Musella, nuevo delegado de España de la congregación. Con el carisma de cultivar vocaciones, ya sean religiosas, de padres, madres, hijos, familias que quieran tener a Cristo como centro de sus vidas, inician su aventura. «Porque la vida es distinta si el Señor la guía y está presente».

Piden tiempo, el que aquí no tenemos, para conocer este país, esta diócesis, la labor que tuvieron los capuchinos y cumplir con las directrices diocesanas de atender a una amplia parroquia, la que une los barrios Girón o García Prieto con la zona residencial. Se aventuran a ejercer su pastoral en busca de «ser felices y ser santos», para lo que tendrán los ejemplos de los tres conventos que atenderán: La Victoria, Dominicas y Filipensas. Un compromiso con Dios y con el Obispado de Málaga. Así, el domingo 24 de octubre, se celebró una misa como bienvenida de la congregación. Simbólicamente, Jesús Catalá bendijo y entregó el Evangelio con el que predicarán, les entregó las llaves del templo y del sagrario y firmaron en un papel la cesión del antiguo convento y de la parroquia.

Atrás quedan sus vidas en Colombia e Indonesia, ahora empieza una experiencia en España donde tendrán la misión de que Antequera sea el referente de su congregación para abrirse más puertas en este país. Tras unos años donde las vocaciones de fuera han cubierto los vacíos de las propias, ahora empieza su desarrollo una congregación italiana, con sacerdotes de otros continentes. Todo para atender a una amplia comunidad que llevaban siete semanas sin las atenciones capuchinas que suplían las diocesanas de tener una parroquia y servicios religiosos. Todo en un domingo mundial de las misiones, donde no hubo sobre ni donativo en forma de dinero, sino en el de una congregación que viene a dar su servicio a un país que fue el origen de muchos viajes de evangelización a otros continentes.

Antonio J. Guerrero.

Publicado en Diario SUR de Málaga. Domingo 31 de Octubre 2021

 

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XIV Encuentro Asociación Francisco de Asís en Córdoba

XIV ENCUENTRO DE LA ASOCIACIÓN FRANCISCO DE ASÍS DE LOS ANTIGUOS ALUMNOS DEL SEMINARIO SERÁFICO DE LOS HH.MM. CAPUCHINOS DE ANDALUCÍA.

Córdoba. 30 de octubre de 2021

A las 10 de la mañana del día 30 de Noviembre de un día lluvioso, estábamos convocados los antiguos alumnos del Seminario Seráfico de Antequera, en el Convento de Córdoba, sede, este año, del XIV Encuentro, después del impasse producido el año pasado por causa de la pandemia del COVID.

A medida que íbamos llegando y éramos recibidos y nos saludábamos con los más tempraneros en el atrio del Convento, se nos invitaba a pasar al refectorio conventual,  donde se fueron prolongando los abrazos y saludos fraternos, acompañados de un  reconfortante café con leche y dulces típicos de Córdoba.

La Asamblea comenzó a las 11 horas en la iglesia conventual, dándonos la bienvenida, como representante de la comunidad religiosa, Fr. Francisco Martínez de Antequera:

“Queridos hermanos y hermanas: Paz y Bien.

Como casi todo lo ocurrido, desde marzo del 2020, también, como no podía ser menos, la Asamblea Anual de Antiguos Alumnos del Seminario Seráfico de Antequera, también ha sufrido varios retrasos. Hoy, por fin, gracias a Dios, ese encuentro se está pudiendo celebrar.

Como uno de los motivos principales de este evento es el encuentro entre los compañeros, el saludarse, saber cómo se encuentra cada uno, recordar… Este año, al haber pasado dos años y todo lo ocurrido, seguro que hay mucho más que contar y por desgracia algunas de las cosas no serán muy agradables, pues nadie ha salido indemne de esta tragedia que ha vivido la humanidad entera y que no acaba de irse del todo.

De todas formas, siempre hay motivos para dar gracias a Dios, pues las desgracias y el sufrimiento, conllevan también parte de esa vida que Jesucristo experimentó y que acabó en resurrección.

Sed bienvenidos a Córdoba

¿Qué hay en Córdoba? Una casa del siglo XVII, en el lugar, después de la mezquita-catedral, más emblemático de la ciudad califal. Un edificio sencillo, en buen estado, una iglesia, muy capuchina y muy andaluza. Una huerta que es un pequeño pulmón en medio de la ciudad y que, gracias a Dios, no se puede tocar, si no ya la habrían vendido; que está cuidada y labrada, que produce fruta y verdura para la comunidad y para otra mucha gente. Un lugar privilegiado, para llevar un ritmo sencillo, sosegado, fraterno, privilegiado para el encuentro con las personas que viven aquí y las de nuestro entorno. Un sitio, como se dice ahora, donde se vive con una” buena calidad de vida” aunque no me hacen gracia estas expresiones. Un lugar que conserva el viejo dicho que servía para edificar nuestros conventos: “Lo suficientemente cerca para servir al pueblo y lo suficientemente lejos para no ser molestados en el retiro de los hermanos” 

Hablar de la historia, los monumentos, la cultura, la belleza de Córdoba, es una obviedad, pues es una ciudad de sobra conocida por todos los que tienen un poco de cultura, cuatro veces Patrimonio de la Humanidad: Mezquita-Catedral, Casco Antiguo, Patios y Medina Azahara, además participa también del Flamenco, como patrimonio de la humanidad. La tierra de Séneca, los Lucanos, Osio, Averroes, Maimónides, Góngora, el Duque de Rivas, Manolete, Fosforito… por citar algunos. Es verdad que con esto no se come, pero prefiero vivir, al menos para mí, en una ciudad donde se respira historia y cultura que, en otro lugar sin identidad. Para algunos esto no será muy importante. Pero cada día, en un mundo tan diluido como el nuestro, las señas de identidad y los entornos humanos y abarcables, son muy importantes.

En este entorno único está nuestra casa. La Plaza del Cristo de los Faroles, por su simplicidad, capuchina-andaluza, cautiva a cualquiera que se acerca a contemplarla. Ya dijo un arquitecto famoso, hablando de esta plaza que: “Nunca se dijo tanto con tan poco” Vivimos en un lugar privilegiado, un entorno único en una casa llena de encanto, que, aunque reformada, mantiene la estructura y el ambiente, para la que fue construida, hace casi cuatrocientos años. Que está viva y se utiliza para lo que fue creada, sólo faltan frailes. Esta casa no es un museo y menos un parque temático.

Esto en cuanto al edificio, su ubicación y estructura. Pero, lo más importante como todos sabemos; son las personas de nuestro entorno: que nos quieren, nos cuidan, nos miman y están pendientes de nosotros. Los cordobeses, se pueden definir como “senequistas” serios, pero a la vez cercanos. Están a mitad de camino entre Granada y Sevilla, geográficamente y en cuanto al carácter, recogen lo mejor de estas dos mentalidades andaluzas.

Que paséis, que pasemos todos, un buen día.”

A continuación, tomó la palabra D. Antonio Sancho, presidente de Asociación:

“Paz y bien a todos.

En primer lugar, quisiera agradecer a los hermanos capuchinos de Córdoba, el que nos hayan permitido celebrar el Encuentro de nuestra Asociación, en este emblemático Convento de Capuchinos.

Nuestro más sincero agradecimiento por vuestra acogida.

Y a todos los asistentes, también mi agradecimiento por acudir, una vez más, a la llamada de este Encuentro de la Asociación, para compartir momentos de recuerdos, de compañerismo y amistad, tras el aplazamiento de la primera convocatoria en el mes de mayo del pasado año 2020, debido al estado de alarma a consecuencia de la COVID-19, que tantos estragos ha hecho en las personas, en las familias, en la economía, en el empleo y en todos los ámbitos sociales.

Hoy, una vez más, acudimos a la llamada del recuerdo de aquellos años de niñez y juventud, de sentimientos recuperados, aferrándonos a seguir recordando aquellos días de convivencia que, sin duda alguna, siguen marcando nuestras vidas. Por tanto, hoy especialmente, nos reencontramos de nuevo para recordar.

No olvidemos nuestro lema: “recordar es volver a vivir”.  

Y también reiterar, nuestro agradecimiento a los padres capuchinos, a los que os queremos decir que nunca os pagaremos el sacrificio, la dedicación y la formación que nos dispensasteis en nuestra niñez y juventud.

Notamos este año, algo menos asistencia de los antiguos alumnos: los achaques de la edad, la responsabilidad para con los nietos, el temor aún al contagio de ese virus que nos ha invadido, y otros motivos personales, hacen que decaiga la asistencia a este encuentro.

Este año, además, marcado por la noticia del cierre del Convento de Antequera. En una primera fase, el de las instalaciones del seminario seráfico. Noticia que nos ha impactado causándonos una profunda pena y tristeza, pero las circunstancias… son las que son.

Quizás, la falta de vocaciones, la cada vez mayor edad de los frailes, los gastos que conlleva el mantenimiento de las instalaciones, etc., seguro que han propiciado esta situación.

Queridos compañeros y amigos, la realidad es, que se hacía muy difícil el sostenimiento de nuestro centro matriz. ¡Qué más quisiéramos que hubiese otra alternativa!

Los tiempos y las circunstancias cambian y nos tenemos que amoldar a las nuevas exigencias de la sociedad, no nos podemos quedar estancados, pues este asunto tiene fecha de caducidad, al igual que nuestra Asociación.

¿Qué ocurrirá dentro de diez o doce años con nuestra Asociación? No lo sabemos, pero ¡ojalá que dure mucho más!, ¿No desaparecerá cuando los antiguos alumnos nos veamos impedidos para asistir a este Encuentro?

En otro orden de cosas y para dar cumplimiento a la parte legal de la asociación,  siguiendo el orden del día de la convocatoria de esta asamblea, en cuanto al estado de salud de nuestra tesorería, quisiera recordaros que actualmente, contamos con alrededor de 80 socios, que como sabéis,  abonan 36´00 euros anuales cada uno; de los cuales, la entidad bancaria, cuando pasa los cargos, aplican su cuota por recibo y si el cargo es devuelto, que todos los años hay algunos, concretamente este año han sido nueve devoluciones,  nos impone el doble por cada devolución.   Si a ello le añadimos, la cuota de mantenimiento de la cuenta,  la cantidad que la asociación dona a los conventos donde se celebran nuestros Encuentros y los gastos de mantenimiento de nuestro Blog, resulta que ya no hay margen para ninguna otra actividad.

El año pasado, por iniciativa de nuestro compañero Juan José Valverde, también hemos colaborado con las hermanas religiosas clarisas del Convento de Belén de Antequera.

Sabéis que uno de sus principales ingresos económicos es la elaboración de productos navideños y que su sustento depende en gran medida de las ventas de dichos productos.

Debido a las restricciones provocadas por la COVID-19 en esas fechas, sus ventas, y por tanto sus beneficios, peligraban significativamente,  por lo que nuestra Asociación  se prestó a colaborar con las religiosas con propaganda en cartelería por distintas zonas de la comarca de Antequera,  para la difusión de sus productos, con la intención de que todos aquellos compañeros de la asociación, así como familiares y amigos, pudieran adquirir algunos de sus manjares, y saborear la exquisita elaboración de esta repostería tradicional y artesanal, a la vez que contribuímos en esa obra social.

Gracias en parte, a esta colaboración, y, según información de las propias religiosas, el Convento de Belén pudo salvar las ventas de esta última Navidad. También gracias a vuestra generosidad, ya que los pequeños fondos que tiene la Asociación, son de todos vosotros.

El estado de la tesorería de la Asociación al día de hoy, arroja un saldo a favor en nuestra cuenta, de 2.119,50 euros.       

Este año, gracias a Dios, la Asociación, no ha tenido que colaborar con compañeros que tenían dificultades económicas para llegar a final de mes, y que, en otras ocasiones, se les había ayudado a pagar recibos de luz, agua, medicamentos e incluso alguna mensualidad del alquiler de la vivienda habitual. La situación económica de estos compañeros se ha estabilizado y este año no han necesitado nuestra ayuda.

Pero a pesar de las dificultades, seguimos manteniendo esa pequeña ayuda a los Hermanos Capuchinos por decisión de la Asamblea. Este año, por valor de 1.500 euros, seguro que ellos saben darle buena utilidad.

(Hace entrega del talón bancario, nuestro hermano colaborador en este Encuentro, Rafael Castellano Ruiz.)

Quisiera aprovechar la ocasión para agradecer a los compañeros Juan José Valverde León, Rafael Castellano Ruiz y Juan Manuel Ayala Pérez, su colaboración, por su activa y eficaz participación en la organización de este encuentro.”

Seguidamente se planteó a la Asamblea dónde celebrar el año próximo el Encuentro. Se decidió, por mayoría absoluta, en Antequera, aunque todavía pendiente de fijar fecha.

Para concluir la Asamblea, tomó la palabra nuestro director espiritual, fray Diego Díaz Guerrero que habló de los signos de los tiempos para reconocer la voluntad de Dios y que debemos no olvidar rogar al Señor de la mies… que envíe obreros a su mies”. dando así por concluida la Asamblea.

 

A continuación, dentro del apartado “La huella de los Padres Capuchinos en tu vida”, se procedió a realizar la habitual entrevista personal a nuestro querido Fr. Francisco Martinez de Antequera. Entrevista realizada por nuestro colaborador D. Carlos Rico Mesa, persona muy cercana a Fr. Francisco en el Convento de Antequera.

Os ofrecemos una reseña general de la entrevista:

En el marco de la “Huella de los padres capuchinos en mi vida” mis palabras están muy condicionadas por el cierre del convento de Antequera, que ya reflejé en un artículo que escribí para “Punto de Encuentro” revista interna de los capuchinos de España, y que se publicó posteriormente en el Blog de la Asociación: Mi infancia son recuerdos… palabras de D. Antonio Machado en lo que se puede llamar “Autobiografía” y que él, más modestamente llama “Retrato”

Yo, realmente no conocía de forma personal a casi ninguno de los padres capuchinos que vivieron en ese convento de Antequera durante mi infancia y adolescencia. Primeramente, era muy chico y los capuchinos eran una imagen de unos seres que la mayoría de nosotros, especialmente los niños, los veíamos como algo sagrado y misterioso y nuestro contacto se reducía a besarle devotamente el cordón cuando los veíamos por la calle. También los veía en algunas celebraciones y cuando fray Casimiro iba a la plaza a comprar o vendiendo almanaques de fray Leopoldo por las casas.

A pesar de que de niño me hubiese gustado ser seráfico, cosa que agradezco ahora, porque de haber entrado en aquel momento, lo más probable, como he dicho en otras ocasiones, quizás, ahora estaría escuchando y participando en este encuentro como antiguo alumno, cosa que no tiene nada de malo, por supuesto. Además, cuando fui teniendo cierta edad, pasaba mucho tiempo en el campo y, muy a mi pesar, no podía participar de las misas y otros actos devocionales que se llevaban a cabo en el convento y desde los 18 años hasta los 29 viví en Madrid. Sólo la fila de seráficos, cuando salían de paseo por el campo, me era familiar, aunque casi siempre los veía a distancia y a veces con un poco de aprensión, pues según una leyenda urbana, cuando salían de paseo llovía, todavía no sabía que lo de llover o no llover dependía del “dichoso” Anticiclón de las Azores.

Yo siempre he dicho que soy de vocación temprana y de profesión tardía, porque como dice Isaías, salvando todas las distancias entre el profeta y un servidor, desde el seno materno te he llamado, aunque eso es algo que Dios hace con todos los seres que vienen a este mundo. Como ya sabéis, quise entrar en el Seminario Seráfico y por múltiples motivos no pudo ser, cosa que luego cuando relees tu historia a la luz de la fe, te das cuenta que todo es pura gracia. De esta manera como veis mi contacto con los frailes fue posterior.

Como a otros muchos hermanos les sucedió, salvando todas las distancias habidas y por haber, Félix de Cantalicio, fray Leopoldo…también yo tuve algún pequeño inconveniente a la hora de ser admitido. La cosa ocurrió cuando un verano, que vine de vacaciones a Antequera, normalmente iba a misa al convento. Pero ese año, cuando fui a misa, antes llamé a la portería para preguntar por Cecilio, un granadino que había conocido un tiempo antes en Yuste, donde algunas veces fue a hacer un retiro. Él estaba allí haciendo una experiencia con los jerónimos. Nos dimos a conocer y luego nos estuvimos escribiendo de tarde en tarde. En una de las cartas me dijo que estaba con los franciscanos en Granada y una vez que vine a Andalucía y me fui a ver la Alhambra, pregunté por él en la casa de los franciscanos en la Ronda. Me dijeron que allí ya no estaba. Al poco, recibí otra carta diciéndome que estaba en Antequera, con los capuchinos, sería el tercer sitio donde lo encontraba intentando ser fraile. Este fue el motivo, por el cual pregunté por él en la portería y casualmente él me abrió la puerta. Estuvimos hablando y le conté mi intención de entrar en el Seminario de Madrid, que entonces, en tiempos de Tarancón, estaban divididos en pequeñas comunidades, una de ellas en Orcasitas, cerca del barrio donde yo vivía.

Creo que nunca he tenido vocación de cura, pero era lo que podía hacer, pues tenía 29 años y se me estaba pasando el arroz. El motivo era que tenía que seguir manteniendo a mi madre que dependía de mí y en el seminario me dieron la posibilidad de que siguiera trabajando por la mañana, pues tenía jornada continuada y por la tarde estudiar. Pero Cecilio, de sopetón me dice: “¿Paco y porque no aquí?” Yo le expuse las razones, pero la pregunta quedó ahí y cuando volví a Madrid maduré la cosa y puesto al habla con mis jefes, que me apreciaban, me hicieron un despido que me permitía dos años de desempleo, justo lo que mi madre le faltaba para cobrar la pensión. A partir de ahí todo se fue arreglando y el 15 de octubre, fiesta de Santa Teresa, comencé la experiencia en Sanlúcar de Barrameda. Antes ocurrió que después de escribir dos cartas y no obtener respuesta, me dijeron que escribiera a Fr. Paco Luzón, que era el delegado vocacional y a vuelta de correos obtuve respuesta afirmativa, diciéndome que, si estaba decidido, en cuanto arreglara mis asuntos me recibía para hacer la experiencia en la fraternidad de Sanlúcar.

El primer fraile con el que traté, fue con Alfonso Ramírez Pedrajas, alguien, que como todos sabemos, no caía bien a la primera y no por los demás, sino porque era alguien que, como la tónica, hay que aprender a amarla. Luego todos sabemos cómo era y cuando lo conoces un poco ya no hay problema, aunque te siga dando empellones y tortazos. El primero fue, cuando llegué de Sanlúcar a Antequera, nada más verme me dijo que me quitara la barba y me pusiera zapatos, a mí me chocó un poco, pues en la Orden Capuchina, era y para algunos sigue siendo uno de los rasgos externos más normales. Además, yo en Madrid, siempre llevé barba y sandalias, que no era algo nuevo. Luego se le pasó y no tuve que renunciar a esto, aunque pensé que era una pequeña prueba que los maestros ponían a los novicios y que narran las vidas de los santos.

Allí estaban, además, el P. Berardo, con el que hice buenas migas desde el principio y en algunas cosas comulgaba con él. También fray Jorge de Cuevas del Becerro, un fraile tan peculiar y divertido que daba un toque de “florecillas” a la comunidad. Al poco de estar en Antequera llegó, desde Italia, pues había estado haciendo un curso de franciscanismo, el P. Arturo de Muros, gallego, pero afincado en Andalucía desde niño. Fue nuestro maestro de novicios.

De Antequera pase a Granada para estudiar bachiller y teología. Allí había una comunidad bastante numerosa y hermanos de todas las edades. P. Antonio, Rafael del Carpio, Bernardo de Villanofar, un fraile muy especial, el P. Salvador de Montefrío, fray Jacinto, fray Leopoldo de Luque, el P. Basilio de Güajar. Después llegarían Alfonso del Viso y otros estudiantes. El guardián era el P. Luis Viñolo o Valentín de Chucena. Damián de las Ramblas, fray Eloy y Carlos Cañete llegaría después.

Al terminar teología me ordenaron de diácono en Granada y de aquí pasé a Antequera y al año me ordenaron de presbítero. En Antequera estuve veinte años compartiendo la vida con el P. Juan Jesús, Fernando, Carlos, Luis Viñolo, fray Sebastián, Eduardo, Andrés, José Manuel y poco más… Después me mandaron a Córdoba, dos años a Granada y de nuevo a Córdoba, donde me encuentro.

El cierre de Antequera a todos nos ha afectado y a mí de manera especial, pues casualmente me tocó decir la última misa, el día en que nos despedimos. No soy nostálgico y suelo ser de donde estoy. Por lo tanto, doy gracias de no haber estado de comunidad en ese momento.

Lo que ocurra a partir de ahora, sólo Dios lo sabe y el carisma franciscano-capuchino es compartido por muchos hermanos en los cinco continentes. Ahora, al menos, en el primer mundo toca replegarse, no sabemos si asistiremos a una nueva primavera vocacional, si no, Dios, que es el que lleva la historia y la viña es suya, sabrá dar en cada momento lo que realmente necesitamos, aunque no coincida con lo que a nosotros nos gustaría.

A mí me gusta mucho una frase de San Francisco, que dijo, cuando tirado en el suelo, desnudo, estaba a punto de expirar:

               “Comencemos hermanos que, hasta ahora, poco o nada hemos hecho” 

Dentro del Ciclo “San Francisco de Asís en nuestros días” y aprovechando que estamos en esta ciudad monumental, no queríamos dejar pasar la oportunidad de conocer algunos aspectos que, casi seguro, en nuestras visitas a Córdoba, se nos han pasado por alto.

Para ello, y un año más, contamos con la presencia de D. Carlos Rico Mesa, profesor y licenciado en historia del arte y colaborador con la Asociación, y al que agradecemos sinceramente su participación y esfuerzo para poder estar hoy con nosotros y deleitarnos con sus explicaciones.

Su admirable conferencia titulada “Los Capuchinos y Córdoba”, fue un ejemplo de agradable e ilustrada exposición con fotografías históricas y referencias bibliográficas, que nos dejó a todos prendados y animados a indagar en la historia de lo que han significado los capuchinos en y para Córdoba.

 

Posteriormente celebramos la Eucaristía.

A continuación, Foto de familia en el altar mayor de la iglesia conventual.

Y como cierre general del Encuentro, Almuerzo en el restaurante del Hotel Maciá Alfaros, en la calle Alfaros, junto a Capuchinos.

Desde allí los distintos integrantes del grupo fueron despidiéndose y partiendo a sus distintos puntos de la geografía, cargados de ánimo renovado y fraterno.

(Reseña realizada por Baldomero Maya y Antonio Granados)

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Jornada de Oración por la Paz en el «ESPÍRITU DE ASÍS»

El 27 de octubre de 1986, invitados por el papa Juan Pablo II, acudieron a Asís los responsables y líderes de las grandes religiones del mundo, para participar en una «Jornada Mundial de Oración por la Paz». En su discurso de bienvenida el Papa les dijo: «Elegí esta ciudad de Asís como lugar para nuestra Jornada de oración por la paz, debido a lo que representa el Santo que aquí se venera, san Francisco, conocido y respetado por infinidad de personas en todo el mundo como un símbolo de paz, de conciliación y de fraternidad». Desde entonces se han venido celebrando otras jornadas semejantes en diversas ciudades del mundo y los Ministros generales de la Familia franciscana establecieron que en sus fraternidades se conmemore aquel encuentro con celebraciones acordes con el «espíritu de Asís», como lo definió Juan Pablo II.

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San Francisco de Asís

Nació en Asís (Italia) hacia 1182, hijo de un rico mercader de telas. De joven ayudó a su padre en el comercio y fue el rey de la juventud. Participó en la guerra de su ciudad contra Perusa; la cárcel que sufrió y la enfermedad que contrajo le iniciaron en un nuevo camino, por el que Dios lo fue conduciendo hasta su plena conversión. Renunció a su herencia, abrazó la vida evangélica, se desposó con Dama Pobreza, atendió a pobres y a leprosos. Se le unieron compañeros con los que se presentó al Papa: Inocencio III aprobó su forma de vida, que consistía en seguir las huellas de Cristo que adora al Padre, ama todo y a todos, predica incansablemente la penitencia y conversión. Junto con santa Clara fundó la Segunda Orden, la de las Clarisas, y a los seglares les dio directrices para vivir el Evangelio en su estado y condición, la Tercera Orden. En 1223, Honorio III aprobó su Regla definitiva. En septiembre de 1224, sobre el monte Alverna, las Llagas de Cristo quedaron impresas en el cuerpo de Francisco, quien murió en la Porciúncula al atardecer del 3 de octubre de 1226. Gregorio IX lo canonizó en Asís el 16 de julio de 1228.
Oración: Dios todopoderoso, que otorgaste a nuestro Padre san Francisco la gracia de asemejarse a Cristo por la humildad y la pobreza, concédenos caminar tras sus huellas, para que podamos seguir a tu Hijo y entregarnos a ti con amor jubiloso. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
DIRECTORIO FRANCISCANO
Año Cristiano Franciscano

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Ultima misa en el Convento de Antequera

Queridos hermanos: Paz y Bien.

Sin duda nos dolerá la noticia: el pasado domingo, 5 de Septiembre de 2021, se ofició la última misa en nuestro Convento de Capuchinos de Antequera.

Mirad el enlace proporcionado por “El Sol de Antequera“.

Un abrazo cordial.

 

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Fallecimiento de la esposa de Carmelo Rodríguez

Queridos compañeros:

Queremos poner en vuestro conocimiento el fallecimiento de la esposa de nuestro compañero Carmelo Rodríguez Caballero, de Cogollos Vega, acaecido el pasado domingo, 8 de Agosto.

Desde este Blog os pedimos ofrecer una oración por el eterno descanso de la esposa de nuestro compañero y a él le deseamos fortaleza de ánimo y un cordial abrazo franciscano de Paz y Bien.

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El Convento de Capuchinos de Antequera

Mi infancia son recuerdos

Este poema, incluido en Campos de Castilla (1912) es uno de los más hermosos, hondos y completos de ese libro singular, auténtica piedra de toque de la poesía moderna española. «Retrato» es una visión intimista, reflexiva, global y existencial del propio poeta. Acaso debería haberse titulado «Autorretrato», que es lo que realmente ofrece el contenido. Los verbos en primera persona nos indican muy bien que el poeta habla de sí mismo. Que nadie piense que me estoy comparando con el gran poeta andaluz, lejos de mí, pero a la hora de ponerme a escribir sobre el cierre del convento de mi ciudad, se me ha ocurrido empezar por ahí. De otras muchas formas podría haber iniciado este escrito, pues las vivencias y la profunda relación con el convento de capuchinos de Antequera se remontan a los primeros años de mi vida, por lo tanto, al hablar de este tema no tengo más remedio que hablar de mí mismo.

La parte más culta e histórica, sobre todo la etapa decimonónica, de la que Fernando Linares es un experto, ya la ha escrito este hermano con tanto acierto y conocimiento del tema. Lo que yo diga con mis torpes y atropelladas palabras son fruto de mi experiencia y los sentimientos que este hecho me produce y lo hago porque me veo en la obligación moral y personal de decir algo ante un hecho que, a mí, más que a la mayoría me afecta. Pues, aunque a la vez se van a cerrar seis casas más, cada uno las sentirá de distinta manera dependiendo de la relación más o menos cordial que haya tenido con cada una de ellas.

Al hilo de la primera frase del poema de A. Machado, puedo decir que mi infancia son recuerdos del convento de capuchinos. La casa de mi familia está tres calles más arriba siguiendo la carretera que va al Valle de Abdalajís, ahora suena más la carretera que va al Torcal, el turismo lo cambia casi todo. La calle el Sol, mi calle, desemboca cerca del convento y a mi paso no creo que tardara más de tres o cuatro minutos en llegar. Para ir al colegio, en el poco tiempo que fui a la escuela, pasaba, cuatro veces al día, seis días a la semana, por las tapias de la huerta.

Desde el Cerro “Colorao” el lugar de mis juegos infantiles, la espadaña casi se toca con las manos y, el lugar donde guardaba las cabras, iba por leña y recogía yerba para los conejos, está enfrente, por lo tanto la “mole” del convento siempre la tenía a la vista. En la explanada estaba casi siempre la noria de “Paíllas” (Padillas), donde nos paseábamos, ahora al pobre lo habrían acusado de cualquier cosa, pero en aquel momento no nos dábamos cuenta de nada, sólo que no nos cobraba, pero si nos hubiera cobrado apenas nos habríamos montado en aquel artilugio destartalado que nos elevaba un poquito del suelo y casi tocábamos la mitad de la columna del Triunfo de la Inmaculada que preside la plaza del convento. A los cultos de la Divina Pastora casi nunca faltábamos, sobre todo los más beatos, a pesar de que las esteras de esparto que servían de alfombras se nos clavaban y marcaban nuestras desnudas rodillas. En la única foto que conservo de mi primera comunión el que sostiene la patena, en el momento de recibir al Señor, es un seráfico.

Los jueves era el día en que los seráficos, bien formados, subían por la carretera camino de la Fuente de Málaga. Los antequeranos la hemos llamado siempre el Nacimiento de la Villa. Otras veces subían por la cuesta del Valle hacia las Arenas, un trozo de dunas que como un minúsculo Sahara hay en medio de los Pinos. También aquí, los antequeranos, discrepábamos de los frailes y a aquello le llamábamos la Torre del Hacho, por una torre vigía redonda, del tiempo de los árabes, que hay en lo más alto. Ver pasar a los “leguillos” como le llamábamos los antequeranos, que como se ve no nos poníamos de acuerdo en cuestiones de nomenclatura, era para mí motivo de cierta envidia. Por motivos “laborales” y “sociales” y a pesar de que intervino, D. Emilio Gonzálvez Solís, primo del ministro de ¿Educación? y Descanso que estuvo a punto de suprimir las lenguas clásicas de la enseñanza, no pudo ser, lo impedía sobre todo la “limpieza de sangre” que seguía vigente en aquellos años y que la Iglesia mantenía con tanto celo. Tampoco pude ir a un colegio religioso, por el mismo motivo, luego con el tiempo, fui capellán, confesor de las monjas y director espiritual de las novicias y postulantes de esa congregación. Como decía mi madre: ”El mundo da muchas vueltas” y “Dios no se quea con ná de nadie” Una vez, siendo guardián de Antequera, me tocó presidir la celebración de la Asociación de Antiguos Alumnos del Seráfico y les dije: “si hubiera sido seráfico, lo más probable es que estuviera sentado en los bancos donde estáis vosotros y no presidiendo la misa”.

El Convento de Capuchinos ha sido, al menos para la mitad de Antequera, la otra mitad la acaparaban los trinitarios, un referente y la imagen del capuchino: con hábito, barbas y sandalias, como Dios manda, era una figura entrañable para chicos y grandes y verlo y salir corriendo a besarle el cordón era todo uno. Crecimos con la imagen de los frailes y del convento como algo propio. Por eso, cuando, después de esperar mucho tiempo, pues yo digo que soy de “vocación temprana y profesión tardía” y aunque llevaba casi 11 años viviendo en Madrid, a la hora de decidirme por la vida religiosa, aún conociendo otras congregaciones, aunque nunca hice ninguna experiencia con ninguna de ellas y, estando para ser admitido en el seminario de Madrid, la imagen del fraile capuchino y el convento de Antequera seguían siendo para mí la referencia religiosa. Por este motivo, en el verano del 83, estando de vacaciones en mi pueblo y, como hacia siempre, fui a misa al convento, allí tomé la decisión de ingresar como capuchino.

Con 29 años y después de que se me facilitaran todos los trámites laborales y económicos, el día de Santa Teresa, comencé el aspirantado en Sanlúcar de Barrameda. En menos de un mes me enviaron a Antequera y seis meses después me admitieron en el noviciado. Allí estudié el graduado escolar y medio bachiller, la otra mitad la terminé en Granada, donde estudié teología y recién ordenado de diácono volví a mi pueblo. Al año me ordenaron en Málaga y después me tiré 20 años seguidos en Antequera. Fui coadjutor, párroco, coadjutor y de nuevo párroco en la parroquia del Salvador. Maestro de postulantes, también fui guardián creo que tres trienios.

Se dice que nadie es profeta en su tierra, pero puedo decir que mis paisanos me han querido y me quieren mucho, yo también a ellos por supuesto. Por pasearme por la calle Estepa, la calle principal y, comenzar a formar parte del paisaje y paisanaje del entorno, me dieron primeramente el Efebo, que es una estatuilla que como su nombre indica, es de un adolescente romano que se encontró en una de las muchas villas que, en tiempos del Imperio, al Romano me refiero, rodeaban toda la Vega. Después, cuando se enteraron que me iban a destinar fuera de Antequera, me llamaron para decirme que, por unanimidad, desde Izquierda Unida al PP, me habían concedido el título de “Hijo Predilecto” de mi ciudad, que no pueblo, pues el título lo tiene desde Felipe II y los romanos ya la llamaron Antiquaria, es decir ciudad antigua. Yo ya estaba contento con ser antequerano, pero bueno, ya sabemos cómo es la gente.

En el año 2013 se cumplieron los cuatrocientos de la fundación de esta casa, fue la primera de Andalucía y después de la Desamortización el primer convento que se recuperó en toda España e incluso de casi todas las casas de las demás congregaciones religiosas. Como todos sabemos, fue colegio seráfico y sobre todo en la iglesia se veneran a siete capuchinos martirizados el 6 de Agosto del 36. Mi madre, que tenía catorce años, cuando ocurrió el hecho, los vio tirados en el suelo en un charco de sangre y le llamó la atención los pantalones remendados que llevaban debajo del hábito. Cuando se hizo el recuento de cuantos capuchinos antequeranos había habido en la provincia, se contaron 150, seguro que fueron más, aún quedamos 3, yo el último… De estos hermanos cuando se leen las crónicas aparece que muchos de ellos murieron asistiendo a los apestados.

De aquí, del convento, convertido en cuartel de la guardia mora y cárcel, sacaron para fusilar a Salvador, un tío de mi madre y a otro tío político, Frasquito, lo llevaron preso y estuvo varios años en el penal del Puerto de Santa María. Fue al terminar la guerra y como os podéis imaginar no simpatizaban con el “Movimiento Nacional” aunque no habían cometido ningún delito. La chacha Frasquita, hermana del primero y esposa del otro, nunca más quiso pasar ni por la puerta de Capuchinos.

¿Por qué cuento todo esto? Sobre todo, para dejar claro lo mucho que me une al convento que se ha decidido cerrar, cosa que no cuestiono, aunque me hubiera gustado que le hubiese tocado a otro. Ya he dicho al principio tomando prestadas las palabras del poeta, que mi infancia son recuerdos… como les ocurre a todos, pero como podréis ver, los míos están muy ligados a esa casa, que por muchos parches que queramos poner, se cierra dentro de unos días, o meses… Lo que se quiera hacer después será mantener un muerto en pie o alargar su agonía, cosa con la que no estoy dispuesto a colaborar, pues mis paletadas de tierra y el ramo de flores ya se los he echado y cuando vaya a Antequera, a ver a mi familia o a algún entierro, que es a lo que solemos ir, cuando ya vamos teniendo cierta edad, lo veré desde lejos, sin traspasar la puerta, como cuando era niño. 

Hno. Paco Martinez Melero

(publicado en “Punto de Encuentro“, nº 149, Junio, 2021)

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Crónica “apresurada” de Antequera II y III

 

  1. FRAY CASIMIRO DE DOS TORRES

¿Cómo fue posible el funcionamiento del Seminario Seráfico de Antequera? Con la ayuda de Dios, sin duda, que se valió de hermanos que sirvieran para la difícil tarea. Se me ocurre empezar recordando a Fray Casimiro de Dos Torres, el presuroso todoterreno. Estuvo en la guerra y cuando terminó, regresó a su bellísimo pueblo de la región de Los Pedroches, pueblo que podría ser extremeño o manchego, pero la geografía política lo hizo cordobés.

Aunque Antequera esté situada a unos cincuenta km de Málaga, no olvidemos que la separa de la costa el macizo montañoso de El Torcal, que es muy hermoso, pero compensa su belleza con un clima semicontinental de inviernos temibles. Pues empezamos el día “de autos”. Aún no ha empezado a amanecer. Hace un frío seco y afilado. Los niños duermen con la placidez del reposado sueño del alba. De pronto, se encienden las tres débiles bombillas del dormitorio, con su tulipa de porcelana para enviar la luz hacia las camas es decir, para dirigir la pobre luz sobre las víctimas del madrugón; y a continuación se oye a Fray Casimiro:

– A ver, a ver, buenos días nos dé Dios. El ángel del Señor anunció a María…

Al dormilón le tira de la manta, a todos los va animando a que pasen a los servicios… Muchos días los grifos dan agua templada, gracias a que Fray Casimiro se levantó a las cinco de la mañana a encender la caldera de leña (cuando la había), que con tanta dificultad proporcionaba aquella agua medio caliente para lavar la cara de la muchachada (no había para más; eso de la ducha diaria vendría a la historia de España muchos años después, y creo que al convento y seminario de Antequera no llegó). De una capilla de un cortijo, que fue derribada por estar en estado ruinoso, nos llegó su artesonado de un buen estilo renacimiento. Cuando el guardián quiso darle destino, ya se lo había dado Casimiro para calentar el agua mañanera (“Para renacimiento el de los niños…”).

Los días de nuestro santo varón eran más largos que los días de reloj y calendario: Siempre corriendo, su agenda era: Orar, ayudar en la cocina, repartir el desayuno, la comida, la merienda y la cena, hacer de enfermero, zapatero, hortelano y granjero; históricamente se sabe con certeza que las gallinas ponían más huevos por veneración a Casimiro. Por si faltaba algo en esa agenda, salía nuestro héroe a media mañana a correos, y de paso acompañaba al médico a algún niño que le dolía la barriga, o que no se le quitaba la tos, o bien decía que le dolía la barriga y que tenía tos.

El Doctor Don Miguel Rodríguez, analista reconocido, también era uno de los médicos de cabecera del Seminario, pues todos los médicos de la ciudad formaban parte del equipo clínico, y a él fue un día Fray Casimiro por la mañana a llevarle al chiquillo de turno.

– D. Miguel, a este angelito le duele el estómago…

– Bueno, bueno. Usted váyase tranquilo, vaya al correo, Fray Casimiro, y yo mientras atenderé a este muchacho.

La atención médica que el sabio D. Miguel Rodríguez prestaba al seráfico, consistía la mayor parte de las veces en decirle a su esposa que le preparara algo de comer, porque la única enfermedad que tenía era que estaba creciendo con demasiada rapidez. Cuando llegaba Fray Casimiro de correos, el muchachón ya estaba restablecido y regresaban el angelito y su ángel de la guarda a Capuchinos.

En los tiempos de escasez, “tiempos del hambre” se decía entonces, Fray Casimiro sabía resolver problemas: Que faltaba leche, abría el grifo del depósito de agua caliente de la hornilla de leña, “hornilla económica” se llamaba y no sé por qué razón.

– Fray, ten cuidado que estás aguando el desayuno.

– A ver, a ver; ¿y qué hacemos?

Que faltaba para la merienda chocolate terroso (la algarroba tengo entendido que era su principal componente), partía tanto las jícaras que, natural y “milagrosamente”, había para todos.

En una última etapa de la casa de formación antequerana, al comienzo de los años 80, fue nombrado Vicemaestro de novicios, con el P. Alfonso Ramírez Pedrajas de Superior y Maestro. En ausencia de este, Fray Casimiro presidía los rezos corales. En una ocasión y antes de comenzar Vísperas, un novicio indagaba qué himno tocaba cantar.

– ¿Himno? ¿Himno? – repetía el joven.

A lo que el Superior Fray Casimiro contestó:

– ¿Irnos? ¿Irnos? De aquí no se va nadie hasta que terminemos de rezar.

Y al final tuvo que suspender el rezo porque toda la comunidad no podía aguantar la risa.

Murió en Sevilla, siempre con nostalgia de su juventud antequerana.

Los antiguos alumnos siguen venerándolo, y guardan de él el aroma de su vida evangélica y un cariño extraordinario.

 

III. FRAY JACINTO DE VALDEFUENTES, EL “APURADO”

Estuvo Fray Jacinto mucho tiempo en Antequera como ayudante de cocina, y en los últimos tiempos del Seminario incluso como cocinero. Era muy buen fraile, muy popular en la ciudad, pero tenía la misma afición que Juan XXIII: le gustaba fumarse un cigarro puro cuando los amigos de casa se lo regalaban. A Fray Jacinto llegaban puros de bodas y de otras celebraciones familiares, de tal manera que con demasiada frecuencia estaba “apurado”.

Gozaba de una voluntad de oro, pero lamentablemente no era cocinero. Dato nada extraño y que forma parte de la normativa no escrita del típico actuar “a la capuchina”, que en este caso era nombrar cocinero a quien no sabía guisar, lo mismo que nombrar profesor de física y química a un lego en estas materias, que debía trasnochar haciendo los problemas y ejercicios de estas ciencias, no fuera a suceder que al día siguiente en clase, su ignorancia quedara en evidencia ante los alumnos. Puesto que el físico improvisado era yo, pasemos a Fray Jacinto.

Fray Jacinto era recio y fuerte, que es una forma discreta de expresar lo que todos sabemos, que era un chicarrón onubense algo brutote, pero con un corazón enorme, muy cariñoso y servicial. Como cocinero, sus lentejas sabían a veces a potaje de lentejas, y freía los huevos después del almuerzo para comerlos en la cena, pero, a pesar de todo, él quería agradar y aquí va un ejemplo de postre que guardaba en el armario de su buena voluntad.

¿Cómo se hace un flan? Olvidémonos de los huevos, que son  ingrediente de otros flanes. Un día memorable, Fray Jacinto puso leche a hervir y cuando estaba hirviendo le echó de golpe “los polvos de la madre Celestina”. ¿En qué cantidad? Dependía de la inspiración del momento y de la cantidad de sobres de “Flanin El Niño” que hubiera en la despensa. Habitualmente le servía de molde una lata grande de tomate frito, y el resultado era un flan vistoso, con sus chorreones de azúcar quemada y todo. Pero…

Un día, nuestro Jacinto entró en el refectorio de la comunidad con un hermoso flan en una bandeja, provocando una reacción de sorpresa y un gran aplauso en los comensales; se puso nervioso, resbaló y cayó de rodillas, al mismo tiempo que se le fue al suelo el flan,…y dijo:

– No ha pasado nada.

Se levantó, cogió con las manos el flan, lo colocó debajo del grifo para enjuagarlo y devolverlo a su bandeja, y terminó su ritual diciendo:

– Todo tiene solución.

Fray Rafael de Montilla le preguntó:

– Pero Jacinto, ¿cuántos sobres de “flanin” le has echado al flan? Parece que está un poco duro ¿no?

– ¿Flanin? -respondió- El que tenía que echarle. Tú… a comer.

Fray Jacinto, como queda dicho, era muy querido en Antequera. Don Francisco Molina le daba un pase para el cine Torcal y él de vez en cuando le pedía permiso al Guardián para ir a la sesión de tarde. No había problema para la cena, porque los huevos con dos salchichas cada uno ya los tenía fritos desde el almuerzo. Y aquel memorable día en que el cine Torcal anunciaba el estreno de “Jesucristo Superstar”, éxito mundial de primera magnitud, no podía perdérselo nuestro cocinero. Fray Jacinto llamó a la celda del Guardián, y este desde su mundo de pájaros sueltos, de ratones comiéndose el alpiste de los pájaros, de fondo musical: “El humo ciega tus ojos”, le responde: ¡¡¡Adelanteeee!!!

– Padre Miguelito: ¿me das permiso para ir al Torcal a ver una película muy buena?

– Sí, claro, ¿qué película es?

– “Jesucristo en su pedestal

Su último destino fue de portero en el convento de Sevilla. Si alguien venía preguntando por el Provincial, que era el P. Juan Jesús Linares, nuestro Jacinto pasaba de la portería al claustro y gritaba con su buena voz: ¡¡¡¡¡Juanitoooooooo!!!!!!!!!

Alguien le censuró el comportamiento:

– Hombre, Fray Jacinto, esa no es forma de llamar al Padre Provincial.

– Yo le he dicho “Juanito” desde antes de que hiciera la primera comunión –respondió- y no voy a cambiar ahora el tratamiento.

Muy franciscano, devoto y caritativo. Cuando joven, la obediencia lo enviaba a atender a frailes enfermos hasta que les ayudaba a bien morir y los dejaba amortajados. Tal era la fama de lo bien que ejercía este ejercicio de misericordia, que cuando algún enfermo veía aparecer a Jacinto, se echaba a temblar y empezaba a rezar el acto de contrición.

Estaba en Sanlúcar como enfermero del anciano P. Ildefonso, que murió a las tres de la mañana. Nuestro hermano le rezó un responso y pasó a amortajarlo. Al amanecer y antes de Laudes, solía pasar el Guardián, P. Marcelo de Castro, a ver cómo había pasado la noche el enfermo. Llamó varias veces a la puerta: “Ave María Purísima”. Como nadie contestaba entró y encontró a los dos en la cama: al P. Ildefonso debidamente amortajado, y, a su lado, Fray Jacinto durmiendo como un tronco después de una noche de trabajo. Explicación que daba nuestro protagonista:

– No iba a llamar a la comunidad a las tres de la mañana cuando todos tenían que estar durmiendo…

Hno. Fernando Linares Fernández

(publicado en “Punto de Encuentro“, nº 149, Junio, 2021)

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