Así funciona el cerebro de un codicioso

Lo que más caracteriza al codicioso es un interés propio, un egoísmo que nunca se consigue satisfacer. Se ha dicho que la codicia es como el agua salada, pues cuanto más se bebe más sed da.

Al conocer la noticia de que el rico empresario catalán Félix María Millet i Tusell cobró a sus consuegros la mitad de los gastos de la boda de su hija cuando en realidad el que pagaba el total de lo gastado (81.156 euros) era la Fundación Orfeó Català i Palau de la Música de Barcelona, del que el propio Millet es director y fundador, no resistí la tentación de considerar que la codicia es una enfermedad mental, o sea, una enfermedad del cerebro. ¿Cómo si no?, alcancé a preguntarme. No resulta fácil entender el sentimiento que alberga la codicia, meterse en la piel del codicioso. ¿Por qué gente que ya es muy rica quiere o ha querido más y más? ¿Por qué siguen acumulando riqueza si ya tienen de sobra todo lo que necesitan para vivir bien? ¿Acaso están enfermos?

El origen etimológico de codicia es cuspiditas, un vocablo latino. Se ha definido como un afán excesivo de riquezas, como un deseo voraz y vehemente de algunas cosas buenas, no solo de dinero o riquezas. Lo que más caracteriza al codicioso es un interés propio, un egoísmo que nunca se consigue satisfacer. Se ha dicho que la codicia es como el agua salada, pues cuanto más se bebe más sed da. Para el codicioso suficiente nunca es suficiente. Codicia y avaricia no son la misma cosa. Mientras que la avaricia es el afán de poseer riquezas u otros bienes con la intención de atesorarlos para uno mismo mucho más allá de lo requerido para satisfacer las necesidades básicas y el bienestar personal, la codicia se limita a un afán excesivo de riquezas sin necesidad de querer atesorarlas. El avaro acumula, es tacaño, gasta lo menos posible y casi nunca comparte. El codicioso puede disfrutar de su riqueza, se la gasta y puede incluso compartirla. Hágase pues, si le place, amigo de un codicioso, pero nunca de un avaro. El jugar a la lotería, el apostar en un casino o el invertir en bolsa, incluso cuando se trate de pequeños ahorradores, tampoco deja de ser un comportamiento que, aparte de adictivo, alberga un plus de codicia, pues no suele hacerse por necesidad.

Un estudio de la universidad de Gante en Bélgica ha puesto de manifiesto que la codicia ocurre más a menudo en hombres que en mujeres, en el mundo financiero o en posiciones de gestión y, generalmente, en personas no muy religiosas. Ninguna razón biológica que conozcamos nos permite afirmar que las mujeres son menos codiciosas que los hombres, pero el que la mayoría de los imputados y condenados por corrupción en muchos países sean hombres pudiera darlo a entender. La explicación a esa diferencia es cultural, pues en la mayoría de países son los hombres los que suelen asumir el liderazgo en los negocios o los cargos políticos o administrativos susceptibles de generar corrupción.

Las consecuencias de la codicia

La codicia, al estar en el origen del colonialismo y la esclavitud ha sido uno de los peores males que ha padecido la humanidad. Además de relacionarse con comportamientos inmorales, es causa de guerras, de corrupción, traiciones y delitos, estafas, robos, asesinatos y mentiras. El codicioso casi siempre se beneficia a costa del resto de la población. La codicia se ha relacionado especialmente con las deudas financieras, pues la impaciencia por conseguir beneficios hace que muchos banqueros sean negligentes y arriesgados y la falta de contención en la inversión puede haber originado burbujas económicas como la que dio lugar a la Gran Depresión de 1929 en los Estados Unidos. Burbujas que ocurren cuando los precios suben por encima del valor real de las cosas y cuando la codicia hace que se promuevan actividades especulativas relacionadas con el desarrollo de nuevas tecnologías, como la burbuja.com, generada por la introducción de Internet.

La codicia estuvo detrás del uso de las conocidas tarjetas Black y de abusos como el de los directivos de la entidad financiera Cataluña Caixa, que autorizaron incrementos salariares para sus ejecutivos cuando la entidad ya había reclamado ayudas extraordinarias al Estado por la situación de bancarrota en que se encontraba. Parecida es también la codicia de accionistas y empresarios que no reparan en mantener factorías o industrias que deterioran el medio ambiente con sus vertidos y la generación de residuos tóxicos. Y no es sólo cosa de tiempos modernos, pues como explica el historiador Juan Eslava Galán, el Duque de Lerma, valido del rey Felipe III trasladó la corte de Madrid a Valladolid muy posiblemente con la intención de dar un pelotazo inmobiliario, pues había comprado allí previamente terrenos y casas a un precio inferior al que luego vendió a los funcionarios y cortesanos que se vieron obligados a trasladarse a la nueva capital. A los seis años la corte volvió a Madrid. El suelo, más que la propia edificación, ha sido y es muchas veces objeto de la codicia humana.

Pero sería injusto no mencionar que la codicia también ha sido considerada e incluso jaleada como motor de crecimiento y desarrollo, pues puede promover la economía al motivar a la gente para crear nuevos productos y desarrollar nuevas industrias, lo que a su vez genera riqueza, empleo y bienestar. Los codiciosos, por tanto, no parecen engañarse siempre a sí mismos cuando ven su codicia como algo bueno. Otra cosa son las consecuencias colaterales, pues los codiciosos son muchas veces detestados en su entorno y socialmente rechazados. A la larga pueden salir perdiendo, aunque en su eventual crítica el ciudadano medio suele apelar con disgusto al beneficio todavía retenido o al ya disfrutado por los codiciosos (¡Que le quiten lo bailado!) cuando son legalmente castigados por haber cometido infracciones o ilegalidades. Lo que la gente quiere es que el que ha robado devuelva el dinero.

El cerebro del codicioso

Algunos experimentos de la neurociencia han mostrado que cuanto más codiciosa es una persona menos capacidad tiene la corteza prefrontal de su cerebro, que es la implicada en el razonamiento, para disminuir la gratificación de ganar más dinero inhibiendo la actividad de las neuronas del estriado ventral, implicado en esa gratificación. El cerebro del codicioso podría funcionar entonces de manera diferente al de las personas que no lo son. Otros estudios han sugerido que, como los codiciosos tienden además a apostar alto para maximizar sus ganancias, podrían padecer una perturbación mental que anula su capacidad para percibir el riesgo o para ver las necesidades de los demás. El investigador norteamericano Mark Goldstein y otros colegas han sugerido que la codicia, la impulsividad y la pérdida de visión de futuro que originaron la crisis financiera que, parecida a la de 1929, tuvo lugar en los Estados Unidos entre 2007 y 2010, bien reflejada en la excelente película Margin call, podrían haber sido causadas, al menos en parte, por los bajos niveles de colesterol cerebral de muchos trabajadores del mundo financiero norteamericano, consumidores habituales de estatinas, unos fármacos que disminuyen los niveles de colesterol en sangre. La razón es que el colesterol es necesario para regular la serotonina cerebral, una sustancia que estabiliza las funciones mentales.

La inercia a acumular recursos contrarresta el sentimiento de incertidumbre sobre lo que le puede pasar a uno en el futuro, por lo que la codicia pudo haber evolucionado en nuestros antepasados ancestrales como una forma de adaptación cuando el entorno es pobre en recursos. Si uno tiene mucho se preocupa menos por el futuro que si tiene poco. Un sentimiento, en definitiva, de hormiga más que de cigarra. Ese planteamiento hace que algunos científicos crean que los diferentes grados de codicia de las personas podrían derivar por ello de las diferentes percepciones y expectativas de la gente sobre las inseguridades del porvenir. Eso explicaría también, por qué en entornos inciertos como el de la economía algunas personas parecen más deseosas que otras de comportarse adquisitivamente, de invertir. El peligro está sobre todo en la gente corriente, particularmente en las clases medias, que pueden ser víctimas de la codicia arriesgándose a invertir sus trabajados y limitados ahorros en juegos, loterías o activos financieros, por querer multiplicarlos con rapidez y con mucho menos esfuerzo del que les costó conseguirlos.

La denuncia pública de los codiciosos, sobre todo cuando su comportamiento alcanza la ilegalidad, es uno de los mejores remedios, pues la vergüenza puede ayudar a que al menos la gente sensata se contenga. Como en tantos otros casos, el gran remedio es lento, pues está en la Educación. Un buen sistema educativo debería tener previsto el enseñar a los más jóvenes las consecuencias de la codicia, mostrándoles cómo ha servido para corroer y dinamitar a individuos, empresas y sociedades, y contraponiéndola siempre a los mejores valores de la ciudadanía y de una sociedad justa y solidaria.

Ignacio Morgado Bernal es director del Instituto de Neurociencias de la Universidad Autónoma de Barcelona, autor de “Emociones Corrosivas: Cómo afrontar la envidia, la codicia, la culpabilidad y la vergüenza, el odio y la vanidad” (Barcelona, Ariel, 2017)

Publicado en “El País”, 17/Enero/2018

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Fallecimientos de Fray Miguel de Cantillana y José Sánchez Pires

El pasado día 29 de Diciembre moría el hermano capuchino FRAY MIGUEL DE CANTILLANA en la residencia Fray Leopoldo de Granada. Tras una vida religiosa de más de 50 años, su actividad principal consistió en atender la cocina en varias comunidades. a veces con muy pocos medios materiales pero con mucho esfuerzo y entrega. Era muy amante de la Divina Pastora, devoción que arraigó desde  niño en su pueblo natal de Cantillana y que siempre mantuvo su durante su vida capuchina. Es recordado con cariño por todos los que le conocimos.

Descanse en la Paz del Señor.

 

También me es muy doloroso comunicar que, en la madrugada del día 2 de Enero de este año nuevo, falleció en Sevilla nuestro hermano y compañero seráfico JOSE SANCHEZ PIRES,  a los 74 años de edad.  Nuestro querido “Pires” ingresó en Antequera en 1955 y perteneció a mi mismo curso durante 4 años, hasta 1959. Tras su salida siguió muy unido a los capuchinos de Sevilla, siendo hermano mayor de la hermandad pastoreña de Cantillana y de la Cofradía de la Divina Pastora de Sevilla. Asisitió a bastantes de nuestros Encuentros anuales, el último fué en Antequera en 2016, en unión de una de sus hijas.

Descanse en la Paz del Señor y en el recuerdo de todos.

Alfonso Jiménez

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Beato Diego José de Cádiz.- 5 de Enero

Nació en Cádiz (España) el 30 de marzo de 1743. De joven entró en la Orden Capuchina y, terminados los estudios, recibió la ordenación sacerdotal en 1766. El decenio siguiente lo dedicó a la predicación por toda Andalucía, y luego extendió su campo de apostolado a toda España y Portugal. Fue un predicador asombroso, incansable misionero popular, que reunía a multitudes de toda clase y condición para escucharle. Sus dotes oratorias iban acompañadas de singulares gracias del cielo, y su lenguaje era llano y directo. Combatió los peligros que traía consigo la “Ilustración”, lo que le ocasionó enemistades y persecución. Fue hombre de oración y penitente, muy devoto de la Virgen, la “Divina Pastora”. Se le consideraba apóstol de la misericordia. Escribió numerosas obras. Murió en Ronda (Málaga) el 24 de marzo de 1801. La Familia franciscana celebra su memoria el 5 de enero.

Oración: Oh Dios, que has concedido al beato Diego José la sabiduría de los santos, y le has encomendado la salvación de su pueblo; concédenos, por su intercesión, discernir lo que es bueno y justo, y anunciar a todos los hombres la riqueza insondable que es Cristo. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

(Directorio Franciscano. Año Cristiano Franciscano)

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La Sagrada Familia: Jesús, María y José.

Se celebra el Domingo que cae dentro de la octava de Navidad o, en su defecto, el 30 de diciembre.

Fiesta en que celebramos el núcleo familiar en el que «Jesús crecía en sabiduría, edad y gracia ante Dios y antes los hombres». Su finalidad es promover y afianzar el desarrollo de la familia desde sus raíces humanas y cristianas con el ejemplo e intercesión de la Familia de Nazaret. «Nazaret -decía Pablo VI- es la escuela donde se comienza a entender la vida de Jesús: la escuela del Evangelio … Una lección de silencio ante todo … Una lección de vida familiar. Que Nazaret nos enseñe lo que es la familia, su comunión de amor, su austera y sencilla belleza, su carácter sagrado e inviolable … Una lección de trabajo. ¡Nazaret, oh casa del “Hijo del Carpintero”!».

El Catecismo comenta: En nuestros días las familias creyentes tienen una importancia primordial en cuanto faros de una fe viva e irradiadora. Por eso el Vaticano II llama a la familia “Iglesia doméstica”. En el seno de la familia, los padres han de ser para sus hijos los primeros anunciadores de la fe con su palabra y su ejemplo. El hogar es la primera escuela de vida cristiana y “escuela del más rico humanismo”. Aquí se aprende la paciencia y el gozo del trabajo, el amor fraterno, el perdón generoso, incluso reiterado, y sobre todo el culto divino por medio de la oración y la ofrenda de su vida.

Oración:Dios, Padre nuestro, que has propuesto a la Sagrada Familia como maravilloso ejemplo a los ojos de tu pueblo, concédenos, te rogamos, que, imitando sus virtudes domésticas y su unión en el amor, lleguemos a gozar de los premios eternos en el hogar del cielo. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

(Directorio Franciscano. Año Cristiano Franciscano)

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Natividad del Señor

«A Cristo, que por nosotros ha nacido, venid, adorémosle».

El Evangelio según san Lucas nos cuenta así lo sucedido: «En aquellos días salió un decreto del emperador Augusto, ordenando hacer un censo del mundo entero, y todos iban a inscribirse, cada cual a su ciudad. También José, que era de la casa y familia de David, subió desde la ciudad de Nazaret en Galilea a la ciudad de David, que se llama Belén, para inscribirse con su esposa María, que estaba encinta. Y mientras estaban allí le llegó el tiempo del parto y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en la posada. En aquella región había unos pastores que pasaban la noche al aire libre, velando por turno su rebaño. Y un ángel del Señor se les presentó y les dijo: “No temáis, os traigo la buena noticia, la gran alegría para todo el pueblo: hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor. Y aquí tenéis la señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre”. De pronto apareció una legión del ejército celestial que alababa a Dios diciendo: “Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que Dios ama”. Cuando los ángeles los dejaron, los pastores fueron corriendo a Belén y encontraron a María y a José y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, les contaron lo que les habían dicho de aquel niño. Todos los que lo oían se admiraban de lo que decían los pastores. Y María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón».

Oración A los que celebramos con alegría cristiana el nacimiento de tu Hijo, concédenos, Señor, penetrar con fe profunda en este misterio y amarlo cada vez con amor más entrañable. Te lo pedimos, Padre, por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

(Directorio Franciscano. Año Cristiano Franciscano)

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Feria Privilegiada de Adviento.

En 1223, al acercarse la Navidad, san Francisco llamó a un amigo suyo y le dijo: «Si quieres que celebremos en Greccio esta fiesta de Navidad, ve y prepara lo que te voy a indicar. Deseo celebrar la memoria del Niño que nació en Belén y quiero contemplar de alguna manera con mis ojos lo que sufrió en su invalidez de niño, cómo fue reclinado en el pesebre y cómo fue colocado sobre heno entre el buey y el asno». Aquel hombre corrió presto y preparó cuanto el Santo le había indicado. Llegado el día, se citó a hermanos de muchos lugares; hombres y mujeres de la comarca prepararon cirios y teas para iluminar aquella noche. Llegó Francisco, se preparó el pesebre, se trajo el heno y se colocaron el buey y el asno, y Greccio se convirtió en una nueva Belén. Se celebra el rito solemne de la misa sobre el pesebre. Francisco viste los ornamentos de diácono y canta el santo evangelio. Luego predica al pueblo que asiste, y tanto al hablar del nacimiento del Rey pobre como de la pequeña ciudad de Belén dice palabras que vierten miel. Un varón virtuoso tuvo una admirable visión. Había un niño que, exánime, estaba recostado en el pesebre; se acerca el santo de Dios y lo despierta como de un sopor de sueño. Y no carece esta visión de sentido, puesto que el niño Jesús, sepultado en el olvido en muchos corazones, resucitó por medio de su siervo Francisco. Terminada la solemne vigilia, todos retornaron a su casa colmados de alegría.

Oración: Dios todopoderoso y eterno, al acercarnos a las fiestas de Navidad, te pedimos que tu Hijo, que se encarnó en las entrañas de la Virgen María y quiso vivir entre nosotros, nos haga partícipes de la abundancia de su misericordia. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

(Directorio Franciscano. Año Cristiano Franciscano)

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Feria Privilegiada de Adviento

La piedad popular, a causa de su comprensión intuitiva del misterio cristiano, puede contribuir eficazmente a salvaguardar algunos de los valores del Adviento, amenazados por la costumbre de convertir la preparación a la Navidad en una «operación comercial», llena de propuestas vacías, procedentes de una sociedad consumista. La piedad popular percibe que no se puede celebrar el Nacimiento de Señor si no es en un clima de sobriedad y de sencillez alegre, y con una actitud de solidaridad para con los pobres y marginados. La espera del nacimiento del Salvador la hace sensible al valor de la vida y al deber de respetarla y protegerla desde su concepción. Intuye también que no se puede celebrar con coherencia el nacimiento de quien «salvará a su pueblo de sus pecados» (Mt 1,21) sin un esfuerzo para eliminar de sí el mal del pecado, viviendo en la vigilante espera del que volverá al final de los tiempos (Directorio sobre la piedad popular, 105).

Durante el tiempo de Adviento, la Liturgia celebra con frecuencia y de modo ejemplar a la Virgen María: recuerda algunas mujeres de la Antigua Alianza, que eran figura y profecía de su misión; exalta la actitud de fe y de humildad con que María de Nazaret se adhirió, total e inmediatamente, al proyecto salvífico de Dios; subraya su presencia en los acontecimientos de gracia que precedieron al nacimiento del Salvador. También la piedad popular dedica, en el tiempo de Adviento, una atención particular a Santa María; lo atestiguan de manera inequívoca diversos ejercicios de piedad, y sobre todo las novenas de la Inmaculada y de la Navidad. Sin embargo, la valoración del Adviento «como tiempo particularmente apto para el culto de la Madre del Señor» no quiere decir que este tiempo se deba presentar como un «mes de María». La Iglesia contempla todos los misterios marianos como referidos al misterio de nuestra salvación en Cristo (cf. Directorio sobre la piedad popular, 101).

La piedad popular es sensible al tiempo de Adviento, sobre todo en cuanto memoria de la preparación a la venida del Mesías. No se le escapa, es más, subraya llena de estupor, el acontecimiento extraordinario por el que el Dios de la gloria se ha hecho niño en el seno de una mujer virgen, pobre y humilde. Los fieles son especialmente sensibles a las dificultades que la Virgen María tuvo que afrontar durante su embarazo y se conmueven al pensar que en la posada no hubo un lugar para José ni para María, que estaba a punto de dar a luz al Niño. Con referencia al Adviento han surgido diversas expresiones de piedad popular. Como es sabido, a partir del siglo XIII se difundió la costumbre de preparar pequeños nacimientos en las habitaciones de las casas, sin duda por influencia del «nacimiento» celebrado en Greccio por san Francisco de Asís, el año 1223. La preparación de los mismos, en la cual participan especialmente los niños, se convierte en una ocasión para que los miembros de la familia entren en contacto con el misterio de la Navidad, y para que se recojan en un momento de oración o de lectura de las páginas bíblicas referidas al episodio del nacimiento de Jesús (Directorio sobre la piedad popular, 97 y 104).

San Francisco, nos dicen sus biógrafos, celebraba la fiesta de Navidad con mayor reverencia que cualquier otra fiesta del Señor, porque, si bien en las otras solemnidades el Señor ha obrado nuestra salvación, sin embargo, comenzamos a ser salvos desde el día en que Dios, hecho niño pequeñuelo, se crió a los pechos de madre humana. Por eso quería que en ese día todo cristiano se alegrase en el Señor y que, por amor de Aquel que se nos dio a sí mismo, todo hombre fuese alegremente dadivoso no sólo con los pobres, sino también con los animales y las aves: que los ricos dieran de comer en abundancia a los pobres y hambrientos, y que los bueyes y los asnos tuvieran más pienso y hierba de lo acostumbrado. «Si llegara a hablar con el emperador -decía-, le rogaría que dictase una disposición general por la que todos los pudientes estuvieran obligados a arrojar trigo y grano por los caminos, para que en tan gran solemnidad las avecillas tuvieran en abundancia». No recordaba sin lágrimas la penuria que rodeó aquel día a la Virgen pobrecilla.

– Oración: Señor Dios, que con la venida de tu Hijo has querido redimir al hombre sentenciado a muerte, concede a los que van a adorarlo, hecho niño en Belén, participar de los bienes de su redención. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

(Directorio Franciscano. Año Cristiano Franciscano)

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Un acercamiento a S. Francisco de Asís

Distintas visiones de S. Francisco de Asís en nuestros días (IIª Parte)

(…)

6. Francisco: una conversión permanente.

Todo creyente, junto a su historia cotidiana, tiene una historia paralela de salvación, como Abraham, la Virgen María… Los acontecimientos históricos en los que se ve envuelto Francisco –sus aventuras caballerescas en busca de la fama, su estrepitoso fracaso, el encuentro con el leproso, la experiencia con el Cristo de S. Damián…- actúan como un revulsivo que remueve todo su ser; pero a la hora de la verdad, todo permanecía en su sitio: la casa paterna, el negocio, el orden social establecido con una fuerte separación entre mayores y menores… Ante este panorama, él se encontraba sin definirse. Hasta ahora su conversión podría tratarse de “pajaritos en la cabeza” de un niño rico que lo tiene todo a su alcance y que ahora se había encaprichado en jugar a ser pobre.

La hora de la verdad sería la ruptura con el mundo de los mayores. La denuncia de su padre al obispo de Asís es la ocasión de manifestar públicamente su deseo. Si contemplamos fríamente la escena, no tendría nada de edificante; no habría muchas risas ni gozos celestiales, sino llanto, escándalo y sufrimiento. Se trata de romper con una cultura heredada y de posesionarse de una manera nueva ante el mundo familiar, los amigos y la sociedad en general.

El nuevo menor voluntario no es aceptado sin más por la nueva familia, porque los menores están cansados de escuchar palabras bonitas y promesas que nunca se cumplen. La extravagancia de Francisco podría ser vista como competencia desleal, de alguien que les quita el pan de la limosna. El paraíso conseguido es tener a Dios en el corazón y como casa el ancho mundo. Él estaba desnudo frente a todos, pero los menores no se “andan con chiquitas” y de ellos recibe una soberana paliza cuando unos ladrones le oyen cantar en francés y autoproclamarse “pregonero del gran Rey”, pues lo primero que dirían es: “¡Dónde vamos a llegar! ¿Cuándo se ha visto un menor tan refinado? ¡No lo reconozco como algo mio!”

Tras la conversión de toda persona hay un nuevo y largo camino; es como un libro en blanco que tiene que ser escrito cada día. La conversión no se queda en la acción concreta de un determinado día. No se trata ahora en cambiar de táctica; si antes miraba a los menores con la superioridad que nos hace sentirnos mayores, ahora consistiría en mirar desde abajo para odiar a los que “visten de tejidos blandos y de color”. Podríamos decir que Francisco encuentra los pilares de su vocación en estos puntos:

  1. Jesucristo como modelo de menores.

La conversión de Francisco es de corazón, ya que queda admirado y sobrecogido al descubrir a Jesucristo como modelo de MENOR, que, siendo rico, se hizo voluntariamente pobre (Mt 18,1-4) Nuestro santo elige su lugar entre los pobres de corazón, porque el Maestro dice que de ellos es el “Reino de los cielos”

  1. La Iglesia como sacramento de comunión y unidad.

Francisco, a pesar del circo mediático que ha podido experimentar en el entorno religioso de su época, ha descubierto a la Iglesia como MADRE que le acoge y es garantía de la UNIDAD. Él, aunque defenderá siempre lo que ha recibido como don de Dios, se someterá al discernimiento de la Iglesia.

  1. La fraternidad como el lugar de los menores.

Francisco cuenta en su testamento como Dios le dio hermanos y cómo él los acoge y ama, aun sabiendo que éstos pueden producir molestias y ser causa de enfrentamiento cuando hacen lo que yo creo que no deben hacer, o se equivocan. Es duro corregir a un hermano cuando sabemos que él también puede sacar a relucir tus trapos sucios y herir tu orgullo. Con frecuencia nos apropiamos tanto del ideal que nos creemos tener la exclusiva; son los demás quienes se equivocan y sobran de la fraternidad. La comunión en el cuerpo de Cristo rompe estos esquemas.

Junto al ideal de los Hechos de los Apóstoles (“todos tenían un solo…”), al que todos tenemos que aspirar, está el modelo de fraternidad que nos presenta Jesucristo en su vida ordinaria con los discípulos. En su comunidad tienen cabida el violento, el que niega conocerle, el incrédulo, el ladrón, los “trepas”, etc.  y Jesús se muestra como HERMANO MENOR que acoge y les lava los pies; reprende y perdona, enseña paciente…

Fray Juan Jesús Linares Fernández. OFMCap.

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Un acercamiento a S. Francisco de Asís

Distintas visiones de S. Francisco de Asís en nuestros días

            Nos encontramos con una personalidad que se ha hecho popular a lo largo de los siglos en el mundo católico, en el protestante, inclusive entre los agnósticos y no creyentes. En las últimas décadas han estudiado la figura de Francisco grandes directores de cine y teatro; tampoco ha pasado inadvertido en los círculos intelectuales internacionales del mundo.

  1. Películas como…
    1. Hermano sol, hermana luna” (F. Zeffirelli). Ha sido una de las más populares de los últimos tiempos. En ella, el autor, responde a una situación europea provocada por una crisis de valores e ideologías… El cineasta propone un ideal frente la vida. Francisco es presentado como el joven guapo que escapa del gran aparato social y eclesial que le oprimía y envolvía. Todo es como un gran montaje operístico.
    2. Francesco” (L. Cabani). Desmitifica a Francisco y nos muestra el lado humano de un Francisco que se siente atrapado en una historia confusa y difícil, mientras busca a Dios entre grandes crisis personales.
    3. La más antigua de todas es “Las florecillas” de Rosellini, que es una bella recreación visual del famoso texto literario.
    4. Nos podemos encontrar otras dirigidas al mundo infantil o juvenil pero cualquier parecido con la realidad es casual.
    5. Hay grandes actores-directores de teatro que también se han valido de la figura de Francisco para hacer críticas de nuestro tiempo (Darío Fo, Rafael “El Brujo”…)
    6. También contamos con numerosos musicales…
  1. Grandes escritores
    1. Sabatier (protestante) hizo una aportación importante a los estudios franciscanos desde la figura de Francisco como hombre evangélico…
    2. Y en el siglo XX encontramos grandes franciscanistas que han profundizado en lo que se llama la “cuestión franciscana” y nos han ayudado mucho más a conocer al Francisco histórico (Kajetan Esser; L. Lehmann; Lecler; Lázaro Iriarte; Javier Garrido y el recientemente fallecido Raoul Manselli…)
    3. El Papa Francisco con su “Laudato si
    4. A nivel popular, está la versión libre de Cortés “Francisco: el buena- gente” y también el relato novelado de Santiago Martin “El suicidio de S. Francisco
  1. La cuestión franciscana
    1. No es fácil acercarse a este personaje tan popular y querido, porque le ocurre como a todos los grandes: cada siglo y cada persona lo interpreta y se queda estancado en algunas anécdotas contadas por alguno de sus biógrafos contemporáneos:
      1. Unos ponderan el S. Francisco poeta cantor de la creación
      2. Otros al Francisco ecológico
    2. Y también hay quienes se quedan con el soñador revolucionario.
    3. Desde hace mucho tiempo entre los estudiosos del franciscanismo se ha dado un fenómeno que vino a llamarse “la cuestión franciscana”. Tras la muerte del santo proliferaron sus biografías; muchas eran tan fantásticas que hacían peligrar la autenticidad de Francisco. Un Capítulo General mandó quemarlas y S. Buenaventura se encargó de llenar el vacío con sus Leyendas “mayor” y “menor”. En ellas deja huellas de su buen hacer teológico.
    4. Sabemos que se conservan muy pocos escritos de Francisco salidos de su puño y letra; él contaba con hermanos especialistas que imponen un estilo literario o su saber jurídico a sus escritos “oficiales”.
    5. Muchos santos disponen de una sola biografía oficial, pero Francisco tiene varios biógrafos y algunas veces se contraponen. Es el caso de Celano, que en su biografía primera describe la juventud de Francisco como si hubiera vivido un caos de perversión, y en la segunda no. Parece ser que la primera biografía sigue a los biógrafos medievales y su redacción responde a la necesidad de hacer un relato popular edificante de cara a la canonización de Francisco. En cambio, la segunda está dirigida a los religiosos y presenta al santo como “espejo” y ejemplo a seguir.
    6. Las biografías también reflejan la problemática del momento de la fraternidad con el tema de la pobreza y Fr. Elías…
    7. Todos los biógrafos aman sinceramente a S. Francisco y se sienten fascinados por él, pero Francisco es más que lo que cada uno puede percibir, porque él no es un hombre estancado. No es lo mismo el joven que se convierte, que peregrina a Roma, que marcha a las Cruzadas, que aquel que sube al monte Alvernia y recibe los estigmas.
    8. El reto de los estudiosos sería liberar a Francisco de las polémicas teológicas y sociales para presentarnos un S. Francisco más histórico.
  1. ¿Es posible acercarse al Francisco histórico?
    1. Sabemos que Francisco es un hombre de su tiempo y está totalmente atrapado en él:
      1. Es hijo de una sociedad feudal, vertical y autoritaria; sociedad clasista (mayores y menores) y caballeresca; guerrera y cruel.
      2. La creciente burguesía aspira al poder y al control del dinero (él es hijo de un mercader)
      3. Se dan duras guerras entre señores y burgueses, en las que Francisco participa.
      4. Hay en su tiempo una fuerte visión piramidal de la Iglesia.
      5. Las cruzadas…
    2. Francisco no es un intelectual:
      1. Es hijo de un rico mercader.
      2. Conocía el mundo del negocio
      3. Era intuitivo, generoso y práctico
      4. Aspira a una posición social elevada.
  1. ¿Cómo es religiosamente?:
    1. No es un teólogo acostumbrado a hacer exégesis.
    2. Está interesado por una teología viva, aunque, como sabemos por la carta a S. Antonio, no se opone a que la enseñe.
    3. El conocimiento que tenía de la Escritura era como la que podía tener un fiel; no como un clérigo.
    4. A Francisco hay que situarlo dentro de la espiritualidad corriente de finales del siglo XII y principios del XIII:
      1. La religiosidad alto-medieval contempla la realidad humana de Jesús más como hecho teológico que como experiencia de vida sobre la tierra. Francisco, en cambio, la ve como la del hombre entre los hombres (L.P. 78). La pasión de Cristo es considerada como cercanía inmediata y directa, no como algo lejano en el tiempo que es objeto de fe y piedad.
      2. La herejía de los cátaros (los puros) estaba presente en la sociedad italiana. Francisco no polemiza, pero vive una espiritualidad opuesta. Frente a la visión sombría y tétrica de los puros sobre el mundo, él canta la grandeza de la creación en su canto del Hermano Sol, y frente a la actitud adversa de los herejes sobre el clero, negando la validez de los sacramentos dados por un clérigo impuro, él hace gestos como el de postrarse en el lodo para besar los pies….

Fr. Juan Jesús Linares Fernández

(continuará en una próxima entrega…)

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Hallazgo del cuerpo de San Francisco.- 12 de Diciembre

San Francisco murió en la Porciúncula al atardecer del 3 de octubre de 1226, y su cuerpo fue enterrado al día siguiente en la iglesia de San Jorge, de Asís. El 25 de mayo de 1230 fue trasladado solemnemente a la nueva basílica construida en su honor y, para evitar hurtos de tan valiosa reliquia, se le enterró con tal secreto, que no se sabía el lugar exacto en que reposaba. Así pasaron los siglos, sin que los papas permitieran exploraciones, hasta que Pío VII autorizó las oportunas excavaciones: la tumba y el cuerpo del Santo se hallaron, debajo del altar mayor de la Basílica, el 12 de diciembre de 1818. Acomodado el lugar, se expuso allí el sarcófago a la veneración de los fieles. En 1978 Pablo VI autorizó un nuevo reconocimiento de los restos del Santo que, una vez tratados de manera conveniente, fueron repuestos en la cripta rehabilitada. León XII estableció en 1824 que la Orden franciscana celebrara la fiesta del Hallazgo, fiesta ahora suprimida.

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