La Sagrada Familia: Jesús, María y José.

Se celebra el Domingo que cae dentro de la octava de Navidad o, en su defecto, el 30 de diciembre.

Fiesta en que celebramos el núcleo familiar en el que «Jesús crecía en sabiduría, edad y gracia ante Dios y antes los hombres». Su finalidad es promover y afianzar el desarrollo de la familia desde sus raíces humanas y cristianas con el ejemplo e intercesión de la Familia de Nazaret. «Nazaret -decía Pablo VI- es la escuela donde se comienza a entender la vida de Jesús: la escuela del Evangelio … Una lección de silencio ante todo … Una lección de vida familiar. Que Nazaret nos enseñe lo que es la familia, su comunión de amor, su austera y sencilla belleza, su carácter sagrado e inviolable … Una lección de trabajo. ¡Nazaret, oh casa del “Hijo del Carpintero”!».

El Catecismo comenta: En nuestros días las familias creyentes tienen una importancia primordial en cuanto faros de una fe viva e irradiadora. Por eso el Vaticano II llama a la familia “Iglesia doméstica”. En el seno de la familia, los padres han de ser para sus hijos los primeros anunciadores de la fe con su palabra y su ejemplo. El hogar es la primera escuela de vida cristiana y “escuela del más rico humanismo”. Aquí se aprende la paciencia y el gozo del trabajo, el amor fraterno, el perdón generoso, incluso reiterado, y sobre todo el culto divino por medio de la oración y la ofrenda de su vida.

Oración:Dios, Padre nuestro, que has propuesto a la Sagrada Familia como maravilloso ejemplo a los ojos de tu pueblo, concédenos, te rogamos, que, imitando sus virtudes domésticas y su unión en el amor, lleguemos a gozar de los premios eternos en el hogar del cielo. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

(Directorio Franciscano. Año Cristiano Franciscano)

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Natividad del Señor

«A Cristo, que por nosotros ha nacido, venid, adorémosle».

El Evangelio según san Lucas nos cuenta así lo sucedido: «En aquellos días salió un decreto del emperador Augusto, ordenando hacer un censo del mundo entero, y todos iban a inscribirse, cada cual a su ciudad. También José, que era de la casa y familia de David, subió desde la ciudad de Nazaret en Galilea a la ciudad de David, que se llama Belén, para inscribirse con su esposa María, que estaba encinta. Y mientras estaban allí le llegó el tiempo del parto y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en la posada. En aquella región había unos pastores que pasaban la noche al aire libre, velando por turno su rebaño. Y un ángel del Señor se les presentó y les dijo: “No temáis, os traigo la buena noticia, la gran alegría para todo el pueblo: hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor. Y aquí tenéis la señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre”. De pronto apareció una legión del ejército celestial que alababa a Dios diciendo: “Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que Dios ama”. Cuando los ángeles los dejaron, los pastores fueron corriendo a Belén y encontraron a María y a José y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, les contaron lo que les habían dicho de aquel niño. Todos los que lo oían se admiraban de lo que decían los pastores. Y María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón».

Oración A los que celebramos con alegría cristiana el nacimiento de tu Hijo, concédenos, Señor, penetrar con fe profunda en este misterio y amarlo cada vez con amor más entrañable. Te lo pedimos, Padre, por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

(Directorio Franciscano. Año Cristiano Franciscano)

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Feria Privilegiada de Adviento.

En 1223, al acercarse la Navidad, san Francisco llamó a un amigo suyo y le dijo: «Si quieres que celebremos en Greccio esta fiesta de Navidad, ve y prepara lo que te voy a indicar. Deseo celebrar la memoria del Niño que nació en Belén y quiero contemplar de alguna manera con mis ojos lo que sufrió en su invalidez de niño, cómo fue reclinado en el pesebre y cómo fue colocado sobre heno entre el buey y el asno». Aquel hombre corrió presto y preparó cuanto el Santo le había indicado. Llegado el día, se citó a hermanos de muchos lugares; hombres y mujeres de la comarca prepararon cirios y teas para iluminar aquella noche. Llegó Francisco, se preparó el pesebre, se trajo el heno y se colocaron el buey y el asno, y Greccio se convirtió en una nueva Belén. Se celebra el rito solemne de la misa sobre el pesebre. Francisco viste los ornamentos de diácono y canta el santo evangelio. Luego predica al pueblo que asiste, y tanto al hablar del nacimiento del Rey pobre como de la pequeña ciudad de Belén dice palabras que vierten miel. Un varón virtuoso tuvo una admirable visión. Había un niño que, exánime, estaba recostado en el pesebre; se acerca el santo de Dios y lo despierta como de un sopor de sueño. Y no carece esta visión de sentido, puesto que el niño Jesús, sepultado en el olvido en muchos corazones, resucitó por medio de su siervo Francisco. Terminada la solemne vigilia, todos retornaron a su casa colmados de alegría.

Oración: Dios todopoderoso y eterno, al acercarnos a las fiestas de Navidad, te pedimos que tu Hijo, que se encarnó en las entrañas de la Virgen María y quiso vivir entre nosotros, nos haga partícipes de la abundancia de su misericordia. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

(Directorio Franciscano. Año Cristiano Franciscano)

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Feria Privilegiada de Adviento

La piedad popular, a causa de su comprensión intuitiva del misterio cristiano, puede contribuir eficazmente a salvaguardar algunos de los valores del Adviento, amenazados por la costumbre de convertir la preparación a la Navidad en una «operación comercial», llena de propuestas vacías, procedentes de una sociedad consumista. La piedad popular percibe que no se puede celebrar el Nacimiento de Señor si no es en un clima de sobriedad y de sencillez alegre, y con una actitud de solidaridad para con los pobres y marginados. La espera del nacimiento del Salvador la hace sensible al valor de la vida y al deber de respetarla y protegerla desde su concepción. Intuye también que no se puede celebrar con coherencia el nacimiento de quien «salvará a su pueblo de sus pecados» (Mt 1,21) sin un esfuerzo para eliminar de sí el mal del pecado, viviendo en la vigilante espera del que volverá al final de los tiempos (Directorio sobre la piedad popular, 105).

Durante el tiempo de Adviento, la Liturgia celebra con frecuencia y de modo ejemplar a la Virgen María: recuerda algunas mujeres de la Antigua Alianza, que eran figura y profecía de su misión; exalta la actitud de fe y de humildad con que María de Nazaret se adhirió, total e inmediatamente, al proyecto salvífico de Dios; subraya su presencia en los acontecimientos de gracia que precedieron al nacimiento del Salvador. También la piedad popular dedica, en el tiempo de Adviento, una atención particular a Santa María; lo atestiguan de manera inequívoca diversos ejercicios de piedad, y sobre todo las novenas de la Inmaculada y de la Navidad. Sin embargo, la valoración del Adviento «como tiempo particularmente apto para el culto de la Madre del Señor» no quiere decir que este tiempo se deba presentar como un «mes de María». La Iglesia contempla todos los misterios marianos como referidos al misterio de nuestra salvación en Cristo (cf. Directorio sobre la piedad popular, 101).

La piedad popular es sensible al tiempo de Adviento, sobre todo en cuanto memoria de la preparación a la venida del Mesías. No se le escapa, es más, subraya llena de estupor, el acontecimiento extraordinario por el que el Dios de la gloria se ha hecho niño en el seno de una mujer virgen, pobre y humilde. Los fieles son especialmente sensibles a las dificultades que la Virgen María tuvo que afrontar durante su embarazo y se conmueven al pensar que en la posada no hubo un lugar para José ni para María, que estaba a punto de dar a luz al Niño. Con referencia al Adviento han surgido diversas expresiones de piedad popular. Como es sabido, a partir del siglo XIII se difundió la costumbre de preparar pequeños nacimientos en las habitaciones de las casas, sin duda por influencia del «nacimiento» celebrado en Greccio por san Francisco de Asís, el año 1223. La preparación de los mismos, en la cual participan especialmente los niños, se convierte en una ocasión para que los miembros de la familia entren en contacto con el misterio de la Navidad, y para que se recojan en un momento de oración o de lectura de las páginas bíblicas referidas al episodio del nacimiento de Jesús (Directorio sobre la piedad popular, 97 y 104).

San Francisco, nos dicen sus biógrafos, celebraba la fiesta de Navidad con mayor reverencia que cualquier otra fiesta del Señor, porque, si bien en las otras solemnidades el Señor ha obrado nuestra salvación, sin embargo, comenzamos a ser salvos desde el día en que Dios, hecho niño pequeñuelo, se crió a los pechos de madre humana. Por eso quería que en ese día todo cristiano se alegrase en el Señor y que, por amor de Aquel que se nos dio a sí mismo, todo hombre fuese alegremente dadivoso no sólo con los pobres, sino también con los animales y las aves: que los ricos dieran de comer en abundancia a los pobres y hambrientos, y que los bueyes y los asnos tuvieran más pienso y hierba de lo acostumbrado. «Si llegara a hablar con el emperador -decía-, le rogaría que dictase una disposición general por la que todos los pudientes estuvieran obligados a arrojar trigo y grano por los caminos, para que en tan gran solemnidad las avecillas tuvieran en abundancia». No recordaba sin lágrimas la penuria que rodeó aquel día a la Virgen pobrecilla.

– Oración: Señor Dios, que con la venida de tu Hijo has querido redimir al hombre sentenciado a muerte, concede a los que van a adorarlo, hecho niño en Belén, participar de los bienes de su redención. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

(Directorio Franciscano. Año Cristiano Franciscano)

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Un acercamiento a S. Francisco de Asís

Distintas visiones de S. Francisco de Asís en nuestros días (IIª Parte)

(…)

6. Francisco: una conversión permanente.

Todo creyente, junto a su historia cotidiana, tiene una historia paralela de salvación, como Abraham, la Virgen María… Los acontecimientos históricos en los que se ve envuelto Francisco –sus aventuras caballerescas en busca de la fama, su estrepitoso fracaso, el encuentro con el leproso, la experiencia con el Cristo de S. Damián…- actúan como un revulsivo que remueve todo su ser; pero a la hora de la verdad, todo permanecía en su sitio: la casa paterna, el negocio, el orden social establecido con una fuerte separación entre mayores y menores… Ante este panorama, él se encontraba sin definirse. Hasta ahora su conversión podría tratarse de “pajaritos en la cabeza” de un niño rico que lo tiene todo a su alcance y que ahora se había encaprichado en jugar a ser pobre.

La hora de la verdad sería la ruptura con el mundo de los mayores. La denuncia de su padre al obispo de Asís es la ocasión de manifestar públicamente su deseo. Si contemplamos fríamente la escena, no tendría nada de edificante; no habría muchas risas ni gozos celestiales, sino llanto, escándalo y sufrimiento. Se trata de romper con una cultura heredada y de posesionarse de una manera nueva ante el mundo familiar, los amigos y la sociedad en general.

El nuevo menor voluntario no es aceptado sin más por la nueva familia, porque los menores están cansados de escuchar palabras bonitas y promesas que nunca se cumplen. La extravagancia de Francisco podría ser vista como competencia desleal, de alguien que les quita el pan de la limosna. El paraíso conseguido es tener a Dios en el corazón y como casa el ancho mundo. Él estaba desnudo frente a todos, pero los menores no se “andan con chiquitas” y de ellos recibe una soberana paliza cuando unos ladrones le oyen cantar en francés y autoproclamarse “pregonero del gran Rey”, pues lo primero que dirían es: “¡Dónde vamos a llegar! ¿Cuándo se ha visto un menor tan refinado? ¡No lo reconozco como algo mio!”

Tras la conversión de toda persona hay un nuevo y largo camino; es como un libro en blanco que tiene que ser escrito cada día. La conversión no se queda en la acción concreta de un determinado día. No se trata ahora en cambiar de táctica; si antes miraba a los menores con la superioridad que nos hace sentirnos mayores, ahora consistiría en mirar desde abajo para odiar a los que “visten de tejidos blandos y de color”. Podríamos decir que Francisco encuentra los pilares de su vocación en estos puntos:

  1. Jesucristo como modelo de menores.

La conversión de Francisco es de corazón, ya que queda admirado y sobrecogido al descubrir a Jesucristo como modelo de MENOR, que, siendo rico, se hizo voluntariamente pobre (Mt 18,1-4) Nuestro santo elige su lugar entre los pobres de corazón, porque el Maestro dice que de ellos es el “Reino de los cielos”

  1. La Iglesia como sacramento de comunión y unidad.

Francisco, a pesar del circo mediático que ha podido experimentar en el entorno religioso de su época, ha descubierto a la Iglesia como MADRE que le acoge y es garantía de la UNIDAD. Él, aunque defenderá siempre lo que ha recibido como don de Dios, se someterá al discernimiento de la Iglesia.

  1. La fraternidad como el lugar de los menores.

Francisco cuenta en su testamento como Dios le dio hermanos y cómo él los acoge y ama, aun sabiendo que éstos pueden producir molestias y ser causa de enfrentamiento cuando hacen lo que yo creo que no deben hacer, o se equivocan. Es duro corregir a un hermano cuando sabemos que él también puede sacar a relucir tus trapos sucios y herir tu orgullo. Con frecuencia nos apropiamos tanto del ideal que nos creemos tener la exclusiva; son los demás quienes se equivocan y sobran de la fraternidad. La comunión en el cuerpo de Cristo rompe estos esquemas.

Junto al ideal de los Hechos de los Apóstoles (“todos tenían un solo…”), al que todos tenemos que aspirar, está el modelo de fraternidad que nos presenta Jesucristo en su vida ordinaria con los discípulos. En su comunidad tienen cabida el violento, el que niega conocerle, el incrédulo, el ladrón, los “trepas”, etc.  y Jesús se muestra como HERMANO MENOR que acoge y les lava los pies; reprende y perdona, enseña paciente…

Fray Juan Jesús Linares Fernández. OFMCap.

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Un acercamiento a S. Francisco de Asís

Distintas visiones de S. Francisco de Asís en nuestros días

            Nos encontramos con una personalidad que se ha hecho popular a lo largo de los siglos en el mundo católico, en el protestante, inclusive entre los agnósticos y no creyentes. En las últimas décadas han estudiado la figura de Francisco grandes directores de cine y teatro; tampoco ha pasado inadvertido en los círculos intelectuales internacionales del mundo.

  1. Películas como…
    1. Hermano sol, hermana luna” (F. Zeffirelli). Ha sido una de las más populares de los últimos tiempos. En ella, el autor, responde a una situación europea provocada por una crisis de valores e ideologías… El cineasta propone un ideal frente la vida. Francisco es presentado como el joven guapo que escapa del gran aparato social y eclesial que le oprimía y envolvía. Todo es como un gran montaje operístico.
    2. Francesco” (L. Cabani). Desmitifica a Francisco y nos muestra el lado humano de un Francisco que se siente atrapado en una historia confusa y difícil, mientras busca a Dios entre grandes crisis personales.
    3. La más antigua de todas es “Las florecillas” de Rosellini, que es una bella recreación visual del famoso texto literario.
    4. Nos podemos encontrar otras dirigidas al mundo infantil o juvenil pero cualquier parecido con la realidad es casual.
    5. Hay grandes actores-directores de teatro que también se han valido de la figura de Francisco para hacer críticas de nuestro tiempo (Darío Fo, Rafael “El Brujo”…)
    6. También contamos con numerosos musicales…
  1. Grandes escritores
    1. Sabatier (protestante) hizo una aportación importante a los estudios franciscanos desde la figura de Francisco como hombre evangélico…
    2. Y en el siglo XX encontramos grandes franciscanistas que han profundizado en lo que se llama la “cuestión franciscana” y nos han ayudado mucho más a conocer al Francisco histórico (Kajetan Esser; L. Lehmann; Lecler; Lázaro Iriarte; Javier Garrido y el recientemente fallecido Raoul Manselli…)
    3. El Papa Francisco con su “Laudato si
    4. A nivel popular, está la versión libre de Cortés “Francisco: el buena- gente” y también el relato novelado de Santiago Martin “El suicidio de S. Francisco
  1. La cuestión franciscana
    1. No es fácil acercarse a este personaje tan popular y querido, porque le ocurre como a todos los grandes: cada siglo y cada persona lo interpreta y se queda estancado en algunas anécdotas contadas por alguno de sus biógrafos contemporáneos:
      1. Unos ponderan el S. Francisco poeta cantor de la creación
      2. Otros al Francisco ecológico
    2. Y también hay quienes se quedan con el soñador revolucionario.
    3. Desde hace mucho tiempo entre los estudiosos del franciscanismo se ha dado un fenómeno que vino a llamarse “la cuestión franciscana”. Tras la muerte del santo proliferaron sus biografías; muchas eran tan fantásticas que hacían peligrar la autenticidad de Francisco. Un Capítulo General mandó quemarlas y S. Buenaventura se encargó de llenar el vacío con sus Leyendas “mayor” y “menor”. En ellas deja huellas de su buen hacer teológico.
    4. Sabemos que se conservan muy pocos escritos de Francisco salidos de su puño y letra; él contaba con hermanos especialistas que imponen un estilo literario o su saber jurídico a sus escritos “oficiales”.
    5. Muchos santos disponen de una sola biografía oficial, pero Francisco tiene varios biógrafos y algunas veces se contraponen. Es el caso de Celano, que en su biografía primera describe la juventud de Francisco como si hubiera vivido un caos de perversión, y en la segunda no. Parece ser que la primera biografía sigue a los biógrafos medievales y su redacción responde a la necesidad de hacer un relato popular edificante de cara a la canonización de Francisco. En cambio, la segunda está dirigida a los religiosos y presenta al santo como “espejo” y ejemplo a seguir.
    6. Las biografías también reflejan la problemática del momento de la fraternidad con el tema de la pobreza y Fr. Elías…
    7. Todos los biógrafos aman sinceramente a S. Francisco y se sienten fascinados por él, pero Francisco es más que lo que cada uno puede percibir, porque él no es un hombre estancado. No es lo mismo el joven que se convierte, que peregrina a Roma, que marcha a las Cruzadas, que aquel que sube al monte Alvernia y recibe los estigmas.
    8. El reto de los estudiosos sería liberar a Francisco de las polémicas teológicas y sociales para presentarnos un S. Francisco más histórico.
  1. ¿Es posible acercarse al Francisco histórico?
    1. Sabemos que Francisco es un hombre de su tiempo y está totalmente atrapado en él:
      1. Es hijo de una sociedad feudal, vertical y autoritaria; sociedad clasista (mayores y menores) y caballeresca; guerrera y cruel.
      2. La creciente burguesía aspira al poder y al control del dinero (él es hijo de un mercader)
      3. Se dan duras guerras entre señores y burgueses, en las que Francisco participa.
      4. Hay en su tiempo una fuerte visión piramidal de la Iglesia.
      5. Las cruzadas…
    2. Francisco no es un intelectual:
      1. Es hijo de un rico mercader.
      2. Conocía el mundo del negocio
      3. Era intuitivo, generoso y práctico
      4. Aspira a una posición social elevada.
  1. ¿Cómo es religiosamente?:
    1. No es un teólogo acostumbrado a hacer exégesis.
    2. Está interesado por una teología viva, aunque, como sabemos por la carta a S. Antonio, no se opone a que la enseñe.
    3. El conocimiento que tenía de la Escritura era como la que podía tener un fiel; no como un clérigo.
    4. A Francisco hay que situarlo dentro de la espiritualidad corriente de finales del siglo XII y principios del XIII:
      1. La religiosidad alto-medieval contempla la realidad humana de Jesús más como hecho teológico que como experiencia de vida sobre la tierra. Francisco, en cambio, la ve como la del hombre entre los hombres (L.P. 78). La pasión de Cristo es considerada como cercanía inmediata y directa, no como algo lejano en el tiempo que es objeto de fe y piedad.
      2. La herejía de los cátaros (los puros) estaba presente en la sociedad italiana. Francisco no polemiza, pero vive una espiritualidad opuesta. Frente a la visión sombría y tétrica de los puros sobre el mundo, él canta la grandeza de la creación en su canto del Hermano Sol, y frente a la actitud adversa de los herejes sobre el clero, negando la validez de los sacramentos dados por un clérigo impuro, él hace gestos como el de postrarse en el lodo para besar los pies….

Fr. Juan Jesús Linares Fernández

(continuará en una próxima entrega…)

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Hallazgo del cuerpo de San Francisco.- 12 de Diciembre

San Francisco murió en la Porciúncula al atardecer del 3 de octubre de 1226, y su cuerpo fue enterrado al día siguiente en la iglesia de San Jorge, de Asís. El 25 de mayo de 1230 fue trasladado solemnemente a la nueva basílica construida en su honor y, para evitar hurtos de tan valiosa reliquia, se le enterró con tal secreto, que no se sabía el lugar exacto en que reposaba. Así pasaron los siglos, sin que los papas permitieran exploraciones, hasta que Pío VII autorizó las oportunas excavaciones: la tumba y el cuerpo del Santo se hallaron, debajo del altar mayor de la Basílica, el 12 de diciembre de 1818. Acomodado el lugar, se expuso allí el sarcófago a la veneración de los fieles. En 1978 Pablo VI autorizó un nuevo reconocimiento de los restos del Santo que, una vez tratados de manera conveniente, fueron repuestos en la cripta rehabilitada. León XII estableció en 1824 que la Orden franciscana celebrara la fiesta del Hallazgo, fiesta ahora suprimida.

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Inmaculada Concepción.- Aprobación de la Regla de la 3ª Orden Regular de S. Francisco

LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE SANTA MARÍA VIRGEN. El 8 de diciembre de 1854, Pío IX definió este dogma con las siguientes palabras: «Para honor de la santa e indivisa Trinidad…, declaramos, proclamamos y definimos que la doctrina que sostiene que la beatísima Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de la culpa original en el primer instante de su concepción por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Cristo Jesús Salvador del género humano, está revelada por Dios y debe ser por tanto firme y constantemente creída por todos los fieles». Antes, la Orden Franciscana, en su Capítulo celebrado en Toledo el año 1645, «escogió a la bienaventurada Virgen María, Madre de Dios, en cuanto la confesamos y celebramos inmune de la culpa original en su misma Concepción, como Patrona singular de toda la Orden de los Frailes Menores». Y aquello no fue una novedad rara en la historia de la familia franciscana, que desde sus primeros tiempos se distinguió como defensora acérrima de este privilegio sin par de María. El beato Juan Duns Escoto fue su adalid, y la campaña por él iniciada la prosiguió la Orden, sin desmayos, a lo largo de los siglos.

Oración: Oh Dios, que por la concepción inmaculada de la Virgen María preparaste a tu Hijo una digna morada, y en previsión de la muerte de tu Hijo la preservaste de todo pecado, concédenos, por su intercesión, llegar a ti limpios de todas nuestras culpas. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

Aprobación de la Regla de la Tercera Orden Regular de San Francisco. Durante años, los Institutos y Congregaciones Franciscanas, femeninas y masculinas, estuvieron elaborando el texto de una Regla que, aprobada por la Santa Sede, pudiera ser común a todas ellas. En la Asamblea General que celebraron en 1982, votaron el texto que fue elevado a la Sagrada Congregación. Ésta lo aprobó con algunas modificaciones, y el Card. Pironio, en la audiencia que tuvo con el Papa el día 17 de diciembre de 1982, se lo presentó, y le pidió que lo aprobara con un solemne documento y con fecha del día de la Inmaculada, aún en el año de la celebración del VIII centenario del nacimiento de san Francisco. Y así lo hizo el papa Juan Pablo II con el breve pontificio Franciscanae vitae propositum, de fecha 8 de diciembre de 1982.

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Aprobación de la Regla de San Francisco.- 29 de Noviembre

El 29 de noviembre de 1223, el papa Honorio III aprobó solemnemente la Regla definitiva de San Francisco. La conocemos como Regla bulada, porque el Papa la aprobó y confirmó con una bula; como Regla segunda, en relación con la Regla de 1221, que no obtuvo aprobación pontificia; o como Regla de 1223, por el año de su aprobación. Es la Regla que profesan y asumen los seguidores de san Francisco, todos los cuales se comprometen a seguir las huellas de Cristo y a vivir su Evangelio observando esa «forma de vida». San Francisco decía: «La Regla es el libro de la vida, esperanza de salvación, médula del Evangelio, camino de perfección, llave del paraíso, pacto de alianza eterna. Quería que la tuvieran todos, que la supieran todos y que en todas partes la meditaran» (2 Cel 208).

TODOS LOS SANTOS DE LA ORDEN FRANCISCANA. En la misma fecha en que san Francisco obtuvo de la Iglesia la aprobación de la «regla y vida» de su Orden, ésta celebra la fiesta de todos sus santos, de todos aquellos que, observándola, llegaron a la más alta perfección. Es la fiesta de la santidad cristiana empapada del espíritu y estilo de san Francisco.

Oración: Dios todopoderoso y eterno, que has enriquecido a tu Iglesia con la santidad de innumerables franciscanos, concédenos a los que celebramos en una misma fiesta los méritos de todos ellos, seguir sus huellas en la tierra y obtener el premio de la salvación en el cielo. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

CONMEMORACIÓN DE TODOS LOS DIFUNTOS DE LA ORDEN FRANCISCANA. A semejanza de la Iglesia universal, que celebra a todos los santos el 1 de noviembre y conmemora a todos los difuntos el 2 del mismo mes, la gran Familia franciscana festeja a todos sus santos el 29 de noviembre y antes recuerda a todos sus difuntos el día en que, después del 2 de noviembre, no lo impida otra celebración. San Francisco y santa Clara mandan en su correspondientes Reglas a sus hermanos y hermanas que oren por los difuntos. Este mandato, que es de aplicación constante, adquiere en esta fecha una dimensión litúrgica y universal: es el recuerdo orante de todos cuantos han seguido a Francisco y a Clara en cualquiera de sus ramas y formas.

Oración: Oh Dios, gloria de los fieles y vida de los justos; nosotros, los redimidos por la muerte y resurrección de tu Hijo, te pedimos que acojas con bondad a nuestros hermanos franciscanos y a nuestros parientes y bienhechores difuntos, y, pues creyeron en la futura resurrección, merezcan alcanzar los gozos de la eterna bienaventuranza. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

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A próposito de la Parábola de los Talentos

A pesar de su aparente inocencia, la parábola de los talentos encierra una carga explosiva. Sorprendentemente, el “tercer siervo” es condenado sin haber cometido ninguna acción mala. Su único error consiste en “no hacer nada”: no arriesga su talento, no lo hace fructificar, lo conserva intacto en un lugar seguro.

El mensaje de Jesús es claro. No al conservadurismo, sí a la creatividad. No a una vida estéril, sí a la respuesta activa a Dios. No a la obsesión por la seguridad, sí al esfuerzo arriesgado por transformar el mundo. No a la fe enterrada bajo el conformismo, sí al trabajo comprometido en abrir caminos al reino de Dios.

El gran pecado de los seguidores de Jesús puede ser siempre el no arriesgarnos a seguirlo de manera creativa. Es significativo observar el lenguaje que se ha empleado entre los cristianos a lo largo de los años para ver en qué hemos centrado con frecuencia la atención: conservar el depósito de la fe; conservar la tradición; conservar las buenas costumbres; conservar; la gracia; conservar la vocación…

Esta tentación de conservadurismo es más fuerte en tiempos de crisis religiosa. Es fácil entonces invocar la necesidad de controlar la ortodoxia, reforzar la disciplina y la normativa; asegurar la pertenencia a la Iglesia… Todo puede ser explicable, pero ¿no es con frecuencia una manera de desvirtuar el evangelio y congelar la creatividad del Espíritu?

Para los dirigentes religiosos y los responsables de las comunidades cristianas puede ser más cómodo “repetir” de manera monótona los caminos heredados del pasado, ignorando los interrogantes, las contradicciones y los planteamientos del hombre moderno, pero ¿de qué sirve todo ello si no somos capaces de transmitir luz y esperanza a los problemas y sufrimientos que sacuden a los hombres y mujeres de nuestros días?

Las actitudes que hemos de cuidar hoy en el interior de la Iglesia no se llaman “prudencia”, “fidelidad al pasado”, “resignación”… Llevan más bien otro nombre: “búsqueda creativa”, “audacia”, “capacidad de riesgo”, “escucha al Espíritu” que todo lo hace nuevo.

Lo más grave puede ser que, lo mismo que le sucedió al tercer siervo de la parábola, también nosotros creamos que estamos respondiendo fielmente a Dios con nuestra actitud conservadora, cuando estamos defraudando sus expectativas. El principal quehacer de la Iglesia hoy no puede ser conservar el pasado, sino aprender a comunicar la Buena Noticia de Jesús en una sociedad sacudida por cambios socioculturales sin precedentes”.

 

José Antonio Pagola

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