Antonio Sancho Pedreño, Encomienda de la Orden del Mérito Civil

Nuestra más cordial enhorabuena, a la vez, que nos sentimos llenos de gozo, porque nuestro Presidente de la Asociación «Francisco de Asis», Antonio Sancho Pedreño, ha sido galardonado con la Encomienda de la Orden del Mérito Civil concedida recientemente por el Rey por su colaboración con la Casa Real.

Aprovechamos que nos ha llegado esta gratísima noticia para reproducir en nuestro Blog la entrevista que en su día le realizó el «DIARIO DE CÁDIZ» con motivo de tan feliz acontecimiento y que viene a premiar tantos años de dedicación a una profesión, el Protocolo, que permite que la celebración de actos tan complejos como los oficiales, resulten muchas veces tan bien hilvanados y brillantes, porque están detrás, en la trastienda, estos grandes profesionales.

«DIARIO DE CÁDIZ»

 ANTONIO SANCHO PEDREÑO, JEFE DE PROTOCOLO DE LA DIPUTACIÓN.

El próximo agosto, Antonio Sancho, cumplirá 30 años como jefe de Protocolo de la Diputación, un tiempo en el que se ha convertido en una referencia nacional en la materia.

 

HAY dos Antonio Sancho: uno, el que figura en segundo plano en casi todos los actos oficiales que se han celebrado en la provincia en los últimos 30 años, elegante, serio, atento a todo lo que sucede y presto a solucionar cualquier imprevisto que surja. Pero hay otro Antonio Sancho, el de las charlas a corta distancia, sin oficialismos de por medio. Nunca pierde su saber estar, es cierto, pero en una conversación informal demuestra un carácter mil veces más dicharachero, sin parar de contar anécdotas y sacando a la luz su habla más de Cádiz-Cádiz «del Campo del Sur», precisa orgulloso al recordar su barrio de origen. En su despacho, ordenado como pocos y decorado con los escudos de los 44 municipios de la provincia, Antonio Sancho muestra orgulloso la Encomienda de la Orden del Mérito Civil concedida recientemente por el Rey por su colaboración con la Casa Real. Y durante la entrevista intenta explicar qué es el protocolo, cuál es su finalidad y el grado de comprensión de la sociedad y la clase política gaditanas hacia lo que es no sólo su labor cotidiana sino también su pasión, que le ha llevado a ser todo un referente nacional en materia de Protocolo.
-¿Cuál es el acto más complicado que ha tenido que organizar en estos 30 años como jefe de Protocolo de la Diputación?

-En esta actividad se sufre mucho cuando se están preparando los actos y se disfruta mucho cuando se ve que ya ha empezado y que va sobre ruedas. Yo a los actos que le temo un poco son a los del Día de la Provincia -cada 19 de marzo desde 1996- cuando se llevan a cabo en el salón regio. Esa sala tiene capacidad para 120 personas y hay años en los que hemos tenido que acomodar a 500. Eso nos ha obligado a utilizar, aparte del salón regio, las dos galerías de la primera planta e incluso el salón de la planta baja. Y ahí hay que decidir qué personas se quedan fuera y hay a quienes no les agrada no poder acceder al interior del salón regio. Incluso ha habido ocasiones en las que alguna autoridad se ha tenido que quedar fuera. Esos momentos son muy delicados. Por eso, cuando me comunicaron que el Día de la Provincia de este año se celebraba en el Teatro de Las Cortes de San Fernando, yo daba saltos de alegría.

-Yo no sé si la sociedad en general conoce las normas de protocolo pero ¿las entienden los políticos de nuestra provincia?

-Sí, sí, normalmente las entienden y se comportan. Yo siempre digo que en los actos oficiales es donde una autoridad descubre la situación real que tiene en la provincia, cuando ve el asiento que le ha tocado. Y aunque es verdad que alguno ha mostrado su disconformidad con su situación posicional dentro de un acto, es raro que monten un numerito. Vamos, que se conforman con lo que hay.

-¿Algún político le ha llegado a decir alguna vez que no quiere sentarse al lado de fulanito o de menganito?

-Sí, sí, por supuesto. Eso ha ocurrido en muchas ocasiones.

-¿En serio?

-Claro que sí. Eso sucede sobre todo cuando miembros de grupos políticos diferentes se llevan a rabiar. Entonces hemos tenido que modificar un poquito la situación, aunque sin alterar el orden protocolario, claro. Dentro de lo posible, nosotros intentamos siempre que los asistentes a un acto estén lo más cómodos posible.

-Lo bueno del Protocolo es que al ser una materia tan desconocida para tanta gente los fallos pasan más desapercibidos, ¿no?

-Sí se ven esos fallos. O al menos yo sí los veo y los analizo para intentar que no se vuelvan a repetir. Yo siempre digo que se aprende más de los fallos que de los aciertos. Cuando ha empezado un acto oficial y el responsable de Protocolo está en una esquina viendo quién está situado y cómo está situado, es cuando se da cuenta de los errores que ha cometido. Son fallos de ubicación, de colocación de enseres, y piensas que si tal mueble no estuviera allí quizás no le taparía la visión de esa persona. Los errores suelen venir muchas veces por cosas que no están reguladas pero que son de sentido común. Lo que sí está regulado es la ordenación protocolaria, la vexilología -procedimiento de colocación de las banderas-, los escudos, etc.

-¿Entiende el protocolo de ideologías? Es decir, ¿puede afirmarse por ejemplo que a los políticos de derecha les gusta más el protocolo que a los de izquierda?

-No, el protocolo no sabe de ideologías políticas. Yo lo que sí me atrevo a aconsejar es que se separe lo que es la política de lo que es protocolo o ceremonial. No deben ir unidos porque si un acto en cuestión está más apegado a un signo político yo me tengo que decantar más hacia un lado que hacia otro. Y el protocolo tiene que ser totalmente imparcial y totalmente justo porque la normativa debe aplicarse a todo el mundo por igual. Si se hace así nunca habrá problemas.

-¿Pero el protocolo evoluciona con el tiempo o la normativa es la misma desde hace décadas?

-El decreto de Protocolo que está vigente actualmente en España data del año 1983. Con la llegada de la democracia aparecieron nuevos cargos, otros puestos, autoridades elegidas por elección popular y otras designadas. Después a ese decreto se le han ido aplicando algunas modificaciones.

-Entiendo por tanto que el margen de maniobra a la hora de organizar un acto es muy escaso, ¿no?

-En los actos oficiales en sí la normativa es muy estricta. Pero en los actos privados, porque hoy todo el mundo quiere hacer protocolo, la normativa estatal puede aplicarse con cierta libertad.

-¿Cuántos responsables de Protocolo hay hoy en la provincia?

-Muy pocos. Aparte de la Diputación, el único ayuntamiento que tiene un responsable de Protocolo es el de San Fernando, que creó la plaza hace dos o tres años. Es una pena que, por ejemplo, el Ayuntamiento de Cádiz no haya creado esa plaza, sobre todo con lo que ha vivido Cádiz en los últimos meses, con actos de mucha relevancia internacional. Y si no han puesto un responsable de Protocolo para conmemorar el Doce, creo que ya no lo pondrán. Afortunadamente cada vez hay más interés por el protocolo y el ejemplo es que desde hace tres años hay ya una titulación oficial al respecto, impartida por la Universidad Camilo José Cela de Madrid.

-En cualquier caso, ahí está la Diputación, y usted en concreto, para asistir a los ayuntamientos que solicitan asesoramiento en materia de Protocolo, ¿no?

-Es que una de las misiones fundamentales de la Diputación es la atención a los municipios, sobre todo a los menores de 20.000 habitantes. Por eso, cuando ocurre algún acontecimiento especial y ese municipio solicita colaboración al presidente de la Diputación, él me lo comunica y nosotros estamos encantados de ayudar en lo que se pueda.

-¿Hasta cuándo van a durar los maceros en los actos oficiales de la Diputación?

-¿Y por qué tienen que desaparecer? Todo lo antiguo no es malo. Yo creo que los maceros constituyen una tradición que no debería perderse. Si eso sucediera sería una pena porque dan caché y prestigio a la institución.

-Desde fuera pudiera entenderse que el riesgo del Protocolo es que tiene una línea muy delgada que separa todo lo que es educación y normas de comportamiento de la cursilería. ¿Lo ve usted así?

-Eso de la cursilería igual puede darse en otras esferas pero hoy en día el protocolo se simplifica mucho. El protocolo es educación, cortesía, amabilidad… no tiene nada de cursi. El protocolo no solamente son normas legales, también hay normas sociales, normas orales, normas de comportamiento, normas internas de cada institución…

-Hace apenas 15 años aún había un ordenanza que le acercaba y le separaba la silla al presidente de la Diputación al inicio de cualquier acto, aunque fuera un pleno. Eso me parecía de otra época…

-Pues yo lo sigo haciendo cada vez que puedo pero no para ayudar a sentarse a ese político sino para indicarle dónde tiene que hacerlo. Es una señal de respeto. Y yo tengo demostrado que el político que tiene cerca a un responsable de Protocolo o a alguien que sabe cómo tiene que transcurrir un acto, se siente más tranquilo, más seguro.

-¿En qué acto de los organizados en estos 30 años ha disfrutado más?

-Yo disfruto cada día de mi trabajo. Es que esto tiene que gustar mucho. Si no es así, no aguantas aquí ni una semana porque es una labor muy esclavizante, por la dependencia que se tiene a la institución. Son muchas horas de trabajo, incluidos sábados, domingos y festivos, y sin días de vacaciones. Después cada acto es distinto y supone un reto. A mí me gusta plasmarlo primero en un papel para después ir preparándolo y solucionando los problemas que vayan surgiendo. En los últimos meses he disfrutado mucho organizando los actos del Bicentenario, con la Cumbre de Jefes de Estado por ejemplo. También quedó bastante bien la entrega de la Llave del Cante a Camarón y eso que era un acto muy complicado porque hubo que conjugar a las autoridades con muchos artistas y también con el sector de los patriarcas gitanos. Creo que logramos que nadie quedara desplazado y que todos se sintieran importantes.

-Me imagino que después de todo este tiempo tendrá usted mil anécdotas que contar.

-Sí, claro, anécdotas hay muchas pero contarlas es delicado porque con un simple detalle ya se puede saber de quién estoy hablando, y eso no me gusta. Pero hubo una cosa que me hizo mucha gracia. Resulta que había un hombre, académico él, que siempre se sentaba en primera fila en todos los actos que se celebraban en el salón regio. Y no podíamos cambiarlo de sitio, aunque ese era un espacio reservado a las autoridades. Así que un día nos la ingeniamos y le dijimos que tenía una llamada en Presidencia, lo cual era falso, claro. Y cuando fue a coger el teléfono, ocupamos su sitio. Claro, eso sólo sirvió para esa vez porque a los dos días ya estaba otra vez en primera fila. Así que buscamos un sillón más cómodo, lo pusimos en un sitio adecuado, aunque no en primera fila, y siempre quedó reservado para él.

-La imagen que tengo de usted es siguiendo un acto oficial en segunda fila y sin alterarse jamás. ¿Usted no se enfada nunca?

-Bueno, si puedo estar en tercera fila, mejor que en segunda. Y sí, claro que me enfado, muchas veces, pero estoy obligado a disimular. Mire, hubo una vez un acto en un salón de la Diputación con unos 80 invitados. Y de pronto el político que lo presidía dice «y ahora, señores, vamos a tomar un café». Y yo pensé «¿pero qué café si no está previsto?». Y encima para 80 personas, imagínese. Entonces tuvieron que salir los ordenanzas con jarras para buscar café y leche por todos los bares cercanos, otros se pusieron a buscar las tazas, otros fueron a por los manteles… Y a los cinco minutos me pregunta el político: «¿No está el café aún, Antonio?». No sé cómo pude aguantarme pero el caso es que al cuarto de hora ya estaba todo listo.

-Y usted, que nunca se salta el protocolo, ¿se come las gambas con las manos?

-(Risas). Hombre, por supuesto, lo contrario sería un pecado.

LA REDACCIÓN.

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Cantos de entonces – 2

Partitura de Pastorela – Audición de Pastorela

Partitura de Canto a la Montaña – Audición de Canto a la Montaña

Partitura de San Benitiño – Audición de San Benitiño

COMENTARIO A ESTOS CANTOS:

  1. Pastorela. Este delicioso canto los cantábamos, a veces, por nuestra cuenta en la capilla, y lo hacíamos bastante bien. Si os fijáis hay una parte en que la voz segunda va siguiendo a la primera. Esto es difícil cuando no hay alguien que lo dirija. Hay momentos en que nos dividíamos en tres voces y la verdad, recuerdo que nos repartíamos bien las voces. En el coro y dirigidos por el P. Demetrio, el P. Patricio ayudando a la tercera voz y el P. Fabián en el armonio, lo bordábamos.
  2. Canto a la montaña: La letra es del escritor cántabro José Mª de Pereda, del siglo XIX. No sé el autor de la partitura. A mí personalmente me trae buenos efluvios o recuerdos. Yo lo canté en mis tiempos de tiple a 4 voces mixtas, y luego cuando cambié la voz lo preparé a 4 voces graves y es la partitura que pongo. La cantamos bastante en el noviciado y en filosofía. Los solos, en la versión de 4 voces mixtas recuerdo que lo cantaban Cantillana y Rafael de Córdoba, del que ya hablé en el comentario del mes pasado. El solo en la voces mixtas recuerdo habérselo oído a mi tío, Pepe de El Viso, que lo dirigía. También, es posible que lo cantara Cobos, que tenía una buena y bonita voz de tenor. Hablando de voces, en filosofía había buenas voces y buenos conocedores de la música: Nerja y  el Biri-biri (de Luque) que además eran buenos pianistas ¿los recordáis? Nerja, desgraciadamente, murió hará unos 15 años y del Biri-biri creo que alguien lo ha localizado.
  3. Si vas a S. Benitiño: Este canto es uno de los que los teólogos nos mandaron a los filósofos, igual que la “Balada gallega” que pusimos en otra ocasión. Como ésta está cogida a oído por los teólogos especialistas en este menester y preparada por ellos. Tuvo bastante éxito. Oídla y veréis como es muy pegadiza.

Un abrazo de Paz y Bien.

Felipe Granados de El Viso (1956-1965)

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ARRANCA EL PONTIFICADO DE FRANCISCO.- Semblanzas del nuevo Papa

… Cuando los reporteros se disponían a teclear los titulares del primer mensaje, Francisco se ha inclinado sobre el micrófono para iniciar el silencio orante, como un director de ejercicios espirituales antes de proponer los puntos de meditación. Pero ha sido un silencio significativo y explosivo. Muy significativo: que el pueblo bendiga al Papa antes de recibir su bendición. Y, para que el pueblo bendiga al Papa, que el pueblo ore para ser bendecido por Dios y poder así bendecir al Papa. Muy explosivo: que, en vez del pontificado feudal, se conciban los ministerios en la iglesia como servicio a un pueblo de hermanas y hermanos que, a su vez, se ponen al servicio de la familia universal. Jorge Bergoglio que, desde sus días como formador de sus compañeros jesuitas, inculcó el lema ignaciano: “en todo amar y servir”, ha anticipado en su primer saludo la puesta en práctica de la reforma que pidió el Concilio Vaticano II en la Constitución sobre la Iglesia.

Juan Masiá Clavel  De Benedicto a bendecido. 14 Mar 2013

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Si el nuevo papa, el jesuita Bergoglio, escogió el nombre de Francisco pensando en san Francisco de Asís, como ha interpretado enseguida la comunidad cristiana mundial, y no en san Francisco Javier, tendríamos por primera vez un curioso y emblemático injerto de un jesuita franciscano.

Si hay dos órdenes religiosas más diferentes son las de la Compañía de Jesús, fundada por Ignacio de Loyola para preparar intelectualmente a las élites de la sociedad y bucear en el mundo de la cultura, la ciencia y el arte, y la orden Franciscana, fundada por el Poverello de Asís, que se caracteriza por su acercamiento a la gente más sencilla, a los más pobres.

Que un papa jesuita haya escogido, por primera vez en dos mil años el nombre de Francisco, no deja de tener un valor simbólico y gestual.

En verdad, los cardenales de la periferia de la Iglesia, que son quienes lo eligieron, lo hicieron más por sus características franciscanas que jesuíticas, por su estilo de vida sencilla como cardenal, su cercanía a los más pobres y su fuerte espiritualidad para contrarrestar las sucias maniobras vaticanas.

Juan Arias. ¿Un jesuita franciscano?  14 Mar 2013

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… El nombre elegido, Francisco, el primero que utiliza un Papa, muestra su intención de seguir el espíritu de Francisco de Asís renunciando a todo tipo de ostentación y caminando por la senda de la pobreza y, así, hacer más creíble el mensaje de las Bienaventuranzas, que constituye la mejor herencia de Jesús de Nazaret y es la carta magna del cristianismo, con frecuencia olvidada y apenas puesta en práctica. Para llevar a cabo tales propósitos, el nuevo Papa no puede apoyarse en los movimientos neoconservadores, que miran al pasado y reproducen un cristianismo preconciliar, como han hecho los papas anteriores, sino que ha de contar con las fuerzas eclesiales vivas que miran al futuro y trabajan por “otra Iglesia posible” en el horizonte de los movimientos sociales comprometidos en la construcción de “Otro mundo posible”. Ello requiere un cambio estructural, que ya diseñara el teólogo Karl Rahner en el libro “Cambio estructural en la Iglesia” publicado hace 40 años y que conserva hoy la misma actualidad, o mayor si cabe, que cuando fue escrito.

Juan José Tamayo, Francisco y la Iglesia de los pobres. 13 Mar 2013

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No sabemos si Francisco ha sido votado con la intención de ser un papa de transición, como lo fue la elección del anciano Juan XXIII. Aún así, los papas de transición suelen ser a veces los más propicios a dejar abiertas las puertas como lo hizo Angelo Roncalli convocando sorpresivamente el Concilio Vaticano II.

Al nuevo papa se le presentan retos más importantes que los de poner orden en la curia y en las finanzas vaticanas. Tiene por delante la posibilidad de quebrar otros tabúes que la Iglesia hasta hoy no ha conseguido doblegar.

Basta dar un vistazo a las redes sociales en estos días de cónclave, para entender el abismo que existe entre lo que sobre la Iglesia piensan los cristianos de la calle y las escenas medievales que se están escenificando en el Vaticano.

Y no me refiero a los cristianos rebeldes. Son muchos los blogs y redes que albergan comentarios de grupos cultivados de cristianos de fe que no acaban de entender por qué la Iglesia de Cristo continúa aprisionada por tantos prejuicios que son ajenos a su tradición original.

Tan arraigados están esos tabús que llegan a aparecer intocables. El enrocarse en esos convencionalismos que contradicen el pulso del mundo y desconciertan y desalientan a millones de católicos, es lo que impide a la Iglesia abrirse a la realidad en la que vive.

Una de las supersticiones de la Iglesia es que no puede seguir el paso del mundo porque ella vive en otras categorías de tiempo. Son mitificaciones que han acabado fosilizándola.

En sus orígenes, las que están en la raíz de su existencia, la nueva Iglesia que comenzaba a pergeñarse bajo la inspiración del profeta rebelde de Galilea era todo lo contrario: se adelantó a su tiempo, fue rasgadora de tabús.

Los primeros cristianos fueron todos iconoclastas, se rebelaron contra la tradición y abrieron caminos nuevos, a costa las más de las veces de la propia vida.

Con el tiempo, la Iglesia se ha ido revistiendo de todos los trajes del poder y se ha aferrado a la defensa de la tradición para defenderse de lo nuevo que nacía en el mundo, carcomiendo su poder y abriendo espacios de democracia, libertad y defensa de los derechos humanos.

Juan Arias. Doble sorpresa en Roma.  13  Mar  2013

…………….

Por otra parte, los datos biográficos que vamos conociendo del papa Francisco animan a dirigirse a él. Según cuentan los que le conocen, la especialidad de este jesuita de 76 años es el diálogo, la humildad y la sencillez; posee la austeridad y la profunda espiritualidad de las grandes órdenes religiosas. En pocas horas nos hemos enterado de que se ha pasado la vida mirando de frente a los pobres y excluidos, curando sus heridas, defendiendo sus derechos y viajando en sus mismos transportes públicos. Las televisiones del mundo entero enfocaban anoche a un mendigo que sostenía una pancarta en la que se podía leer: “Francisco I, papa”. A lo mejor lo veía como uno de los suyos. Se comenta también que es “doctrinalmente conservador”. Habría que señalar que de la Capilla Sixtina no podía salir lo que no entró. Y no entró ningún cardenal que no fuese “doctrinalmente conservador”. Sin embargo, a veces, la sotana blanca opera pequeños o grandes milagros: el incomparable Juan XXIII comenzó su pontificado imponiendo el uso del latín en los centros superiores de enseñanza de la Iglesia. Bien poco podíamos sospechar los que en aquellos días criticábamos semejante medida que su artífice sería también el alma del Concilio Vaticano II, según Aranguren “el acontecimiento más importante del siglo XX”. Ningún futuro negará ya a Juan XXIII, el papa de transición del que poca cosa se esperaba. Y casi nadie podía imaginar que el papa Ratzinger, medularmente conservador, haría un espectacular guiño a la modernidad renunciando con generosidad y valentía al pontificado. Todo esto viene a cuento de que quién sabe lo que nos deparará el doctrinalmente conservador papa Bergoglio… Siempre es bueno esperar lo mejor de un recién llegado, es casi un deber de amable hospitalidad.

……. El naciente cristianismo defendía, pues, un doble frente: por un lado, procuraba aliviar el hambre, el desamparo, el desarraigo y la soledad; por otro, anunciaba otra ciudad, otra tierra y otro cielo, libres ya de las tribulaciones de la hora presente. El cristianismo nunca se dedicó a tiempo completo a la escatología, pero nunca la perdió de vista.

El papa Bergoglio no necesita que nadie le recuerde estas urgencias. Viene de vivirlas en su Argentina natal, en el barrio pobre donde nació y se crió. Hoy ha dicho a los cardenales que lo eligieron que la Iglesia no puede limitarse a ser una ONG. Nunca lo fue, siempre se movió en el doble frente que acabamos de mencionar.

Finalmente, al nuevo papa le aguardan otras dos urgencias delicadas. La primera: tendrá que poner orden y limpiar la “suciedad” de su nueva casa. Es un trabajo que ya ha iniciado su predecesor, pero queda tajo. El Vaticano, uno de los grandes centros religiosos del mundo, no puede prescindir de la ética. La religión y la ética deben caminar de la mano. La pregunta crucial de la religión “qué me cabe esperar” no es separable del gran interrogante ético “qué tengo que hacer”. Y, al parecer, en la curia vaticana, y en otras sucursales, se ha hecho lo que no se debía.

Más grato le resultará al papa Francisco atender a una última urgencia. En el año 1941 moría el gran filósofo francés Henri Bergson. En sus últimos días constataba con enorme tristeza que la humanidad tenía “un cuerpo muy grande y un alma muy pequeña”. Habíamos logrado un desarrollo científico-técnico sin precedentes, pero sufríamos un notable enanismo espiritual. Urgía buscar un equilibrio. “La mecánica, sentenció Bergson, exige una mística”. Y a los místicos, a los nuestros, a santa Teresa y a san Juan de la Cruz dedicó páginas memorables.

Bergson se marchó pidiendo “un suplemento de alma” para la humanidad. Al nuevo papa no parece faltarle alma. Sería magnífico que, con su ejemplaridad y autoridad espiritual, nos la contagiara a los demás.

José Manuel Fraijó.  Nuevo Papa, viejas urgencias. 16 Mar 2013.

(Imágenes y citas de artículos extraidos de colaboradores del diario “El Pais”.)

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Mi homenaje al Equipo de Redacción del “Sputnik Seráfico”

Ha transcurrido algún tiempo desde que nuestro querido amigo y compañero Ildefonso escribió en el blog con la maestría y clarividencia que le caracteriza, sobre cómo se gestó el «Sputnik Seráfico» y quiénes fueron sus primeros responsables. En un correo personal que le envié le felicité por su artículo y, al mismo tiempo, le comuniqué mi deseo de escribir sobre el mismo tema, idea que ya llevaba madurando y dándole vueltas en mi cabeza  durante algún tiempo, a lo que él me animó encarecidamente a que lo hiciese. También le comentaba que suponía que el nombre de «Sputnik Seráfico» lo elegirían porque en aquella época estaban muy de moda los satélites artificiales tanto americanos como soviéticos. Me confirmó que, efectivamente, el nombre le viene de ahí.

Metiéndonos ya en materia, os comentaré que cuando ingresé en el Seminario en el año 1960 mi bagaje intelectual y cultural era sólo el de un niño de 11 años todavía en edad escolar. Las horas de trabajo, esfuerzo, estudio, constancia y grandes dosis de paciencia, tanto por parte de mis profesores como de mis compañeros, hicieron que con el paso de los años creciese en mí el amor por la cultura y formase mi carácter. Lo que hoy soy, se lo debo a mi paso por Antequera, de lo que estoy sumamente orgulloso y agradecido.

Aquel periódico mural que se colocaba en una vitrina acristalada en la pared del Salón de Estudio de los pequeños, junto a la puerta de entrada, tuvo para mí una gran importancia porque sus artículos reflejaban la cotidianidad y el pálpito del Seminario. No recuerdo la periodicidad con que se publicaba,  quizás algún compañero puede recordar este dato, pero creo que era mensual y que en fiestas tan señaladas como la festividad de la Divina Pastora, San Francisco de Asís, etc. salía un número especial.

Aguardaba pacientemente su aparición y, cuando veía expuestos sus artículos, los leía con verdadero placer y me empapaba de todo lo que decían. Había un artículo Editorial, que lo redactaba siempre el Equipo de Redacción, luego había otros artículos de colaboración literaria y una especie de Misceláneas con sucesos cotidianos del Seminario  y alguna página de Deportes en la que aparecían las victorias del equipo de balonmano del Seminario  “San Francisco de Asís » y de los resultados de la competición interna.

No recuerdo bien si fue, estando yo en segundo o tercero, cuando me decidí a escribir mi primer trabajo de colaboración para el «Sputnik Seráfico». Cuando lo vi publicado me llevé una gran alegría y esto fue para mí un gran acicate para seguir prestando mi colaboración. Recuerdo también con mucho cariño los concursos literarios internos que se promovían en el Seminario en los que participé con bastante asiduidad. Tenían que cuidar un formato: número de páginas, tipo de escritura mecanografiada, lema, etc. Los primeros premios de estos concursos aparecían después publicados en nuestro periódico mural «Sputnik Seráfico», acompañados de excelentes dibujos realizados por el Equipo de Diseño y Creación.

Quiero recordar que mi primer año de estancia en el Seminario, el Equipo de Redacción estaba formado por Juan Manuel Ayala de Mérida, Alfonso Ramírez Pedrajas, Raimundo Suárez Mora de Ardales, P. Demetrio de Barcelona como Supervisor, todos ellos magníficos pintores y dibujantes como también excelentes mecanógrafos. Si me he dejado atrás el nombre de algún compañero que perteneció a este equipo, le ruego me disculpe por mi olvido.

En mi último año en el Seminario, cuando cursaba sexto, llegué a formar parte del Equipo de Redacción de la Revista junto a Baldomero Maya Rincón, Francisco Corpas Abril, Jesús Martínez Labrador, etc.  Con este escrito quiero rendir un pequeño homenaje a todos los compañeros que formaron parte del Equipo de Redacción de nuestro querido periódico mural.

José Manuel Chacón Mora de Níjar.

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El Velatorio

DE LA CONGOJA QUE SINTIÓ UN NUEVO SEMINARISTA EN EL TRANSCURSO DE UN VELATORIO.

Avanzaba el mes de enero de 1958. Hacía tres meses que José María había ingresado en el Seminario Seráfico de Antequera. Aunque, a veces, se encontraba algo confuso al tener que adaptarse a las normas y disciplina de su nueva residencia; sin embargo, notaba que poco a poco, su ánimo estaba cada día más contento, al poder conocer y convivir con tantos compañeros seminaristas, Padres profesores, frailes, y también por asumir con cierta determinación, las costumbres y horarios del Seminario.

El día 23 de ese mismo mes, estando de visita, falleció en el convento de aquel recinto religioso, el Padre Fray Cipriano de Utrera (ofmc), misionero e insigne historiador, muy premiado por sus investigaciones, y miembro de número de varias Academias de la Historia. Unas horas después, se levantó un túmulo en la sala de visitas de la Comunidad de religiosos, depositándose el cadáver en el mismo para, seguidamente, dar comienzo el velatorio.

La Dirección del Seminario decidió que algunos alumnos participaran en el citado acto de las exequias. Para ello, designaron varios grupos compuestos por dos seminaristas cada uno, que permanecerían durante un cierto tiempo velando al difunto fraile, en dicha sala.

Cuando le tocó el turno a José María, este se puso el hábito de seminarista seráfico y se dirigió, junto con el compañero al lugar del velatorio. Una vez efectuado el relevo, los dos seminaristas se situaron cerca del féretro, disponiéndose a rezar por el alma del finado y velar sus restos mortales. Pasado algún tiempo, el compañero se acercó a José María y le comunicó que tenía que ausentarse para ir a los servicios de aseos, e inmediatamente salió de aquella estancia. Momentos después, el solitario velador notó en aquella sala un profundo silencio y quietud. En esta tranquila situación, continuó rezando y observando algunos detalles del aposento funerario. De repente, entre los paños fúnebres del armazón mortuorio, escuchó un extraño ruido semejante al crujido de madera. En ese instante, notó un escalofrío que le recorrió todo el cuerpo y tuvo la sensación de que las piernas le temblaban ostensiblemente. Presintió que algo extraordinario podía suceder en aquel lugar y le invadió la duda entre salir rápidamente de aquella habitación, o quedarse allí y cumplir el mandato que le habían encomendado. Al apreciar de nuevo el silencio, optó por permanecer en aquel sitio, no sin cierta perplejidad y expectación. Los diez o quince minutos que el compañero estuvo ausente, le resultaron acongojantes, interminables, eternos… Cuando regresó el otro seminarista, su estado anímico comenzó a recobrar el sosiego y la normalidad.

Terminado su turno de velatorio, José María se incorporó de nuevo a los habituales quehaceres de la vida del Colegio. Al final de la jornada, estando acostado y a punto de dormir, le acudieron a la memoria algunos acontecimientos de aquel dia: el despertar por la mañana (debido al sonido de las palmadas y rezos de fray Casimiro llamando a levantarse y al aseo); la misa celebrada por el P. Faustino en la capilla del Seminario; las clases de latín impartida por el P. Honorio y la de solfeo por el P. Patricio; el contratiempo en el velatorio; las apetecibles comidas en el refectorio; los cantos del “Veni Creator Spiritus” y el “ Ave Maris Stella” en el salón de estudio; los divertidos recreos en los patios jugando al balonvolea, al ping-pong, etc. Al final, José María consideraba que a pesar del susto de aquel día, era una suerte y un privilegio vivir en aquel Seminario. Enseguida, entre recuerdos y rendido por el cansancio, se durmió plácidamente.

En aquel gran dormitorio, reposaban los seminaristas, surgían los sueños, se depositaban muchas esperanzas y, en parte, el futuro de la Orden. Abajo, en el recibidor de la Comunidad, moraba el pasado, la paz y el descanso eterno. Arriba, entre los centenarios tejados y las espadañas, sólo se escuchaba el canto de algún “enigmático” mochuelo y, a ratos, el lejano rumor del viento.

Entre aquellos muros del Seminario, en la muy cercana cárcel comarcal, en todo el pueblo de Antequera, en el maravilloso parque El Torcal, en la inmensidad del Universo, se percibía la omnipresencia de Dios.

(Con todo mi respeto, admiración y recuerdo al P. Cipriano de Utrera, que con su esfuerzo y voluntad, consiguió un merecido lugar entre los investigadores de Historia) .

José Fernández Morenilla. (José Mª de Otura)

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Cantos de entonces -1

Partitura de La Espigadora – Audición de La espigadora

Partitura de Blancas como palomas – Audición de Blancas como palomas

Partitura de La Mulatita – Audición de La mulatita

Comentario a los cantos:

  •  La Espigadora (Rut virginal). Del P. Castro, creo que de nuestra orden. Lo recuerdo con frecuencia aún desde muy pequeño cuando sólo lo cantaban los mayores. Los tiples en el año 1959 sufrimos el cambio de nuestras voces, y después de haber sido el pilar del coro del colegio (recordáis que fuimos a Luque, a Granada a cantar la Misa de Laurentio Perossi) ahora desafinábamos como cosacos. Sólo se salvaban Cantillana y Rafael de Córdoba, (otro Rafael anterior a nuestro compañero de los encuentros, hoy felizmente jubilado también de su trabajo en la “Magefesa”). Entre aquellos mayores estaban Juan de Guájar (Fr. Rogelio), Chauchina, Pozo, (estos dos nos embelesaban a los pequeños viendo como les subía y les bajaba la nuez de su garganta), Blas, Clemente, José Antonio de Sevilla, Agustín de Antequera, Nerja, mi tío, Gabriel de Córdoba (insustituible en la segunda voz), el P. Patricio, Juan Luis de Alcolea y Eugenio Altuzarra en los bajos… qué os voy a decir que vosotros no recordéis. El SOLO solía cantarlo el P. Demetrio, de voz más fina que el P. Honorio de voz mucho más llena.


  •  Blancas como palomas: del vasco L. Aramburu, habanera muy cantada en todo tiempo en Antequera, en las fiestas de onomástica de algún padre. Yo la recuerdo haberla cantado de tiple y luego de tenor. Aquí era el P. Honorio el que cantaba el solo, mientras el coro lo hacíamos en Boca cerrada. Recuerdo en alguna ocasión trasladar el piano “Ronisch” al refectorio para acompañar algún canto o alguno de nosotros tocar alguna pieza.


  •  La mulatita: Esta habanera recuerdo que la cantábamos en Moguer. Nos la mandaron de Sevilla, los especialistas del oído, como dijimos en el comentario del mes pasado. Recuerdo la observación del P. Berardo, director de los coristas filósofos, diciendo lo poco aconsejada que era cantarla en una comunidad de frailes capuchinos. Y es que la letra era algo atrevida para aquellos tiempos: “Mulatita… yo te daré… la dulce caña, la caña dulce y el buen café…” La verdad que yo no lo entendía en aquellos tiempos. Después de ese percance no volvimos a cantarla más en las veladas.

 Ni que decir tiene que si alguno tenéis interés en que publiquemos algún otro canto que os traiga recuerdos, me lo comunicáis, por si lo tuviese.

Un abrazo de Paz y Bien.

Felipe Granados de El Viso (1956-1965)

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El SPUTNIK: primera votación democrática

(Recreación: portada de la Revista «Sputnik Seráfico»)

 

Estoy que no me lo creo. Los cariñosos comentarios que algunos compañeros (Juan Luis Torres, Manolo Poyato y Chacón) han escrito en nuestro blog sobre mis versos  «La Oración de los Hijos» me han sorprendido gratamente, pero el comentario de José María de Otura me ha dejado en blanco, porque resulta que también él los leyó, los copió en una libreta que conserva y anotó datos que yo mismo no recordaba. Dice Otura que se publicó en el Año I, número 15, de la revista. Estos recuerdos increíbles me dan pie para hacer alguna reflexión en el Anecdotario que os comento.

Todos sabemos que, en la España de entonces, ni la ciudadanía en general, ni los religiosos capuchinos, ni nosotros los aspirantes, vivíamos una vida democrática. ¿Por qué negarlo? En Antequera se vivía en comunidad y fraternidad, muy participativa,  pero siempre obedeciendo lo ordenado en las normas capuchinas. El P, Guardián y el Director, basándose en lo reglamentariamente dispuesto, daban órdenes y se obedecían con la mayor naturalidad, sin la menor objeción.

Sin embargo, quiero comentaros un episodio que sucedió en aquel curso 59/60, y que resultó asombrosamente democrático, para aquellos años en los que la palabra democracia casi no se conocía. Y me refiero a que cuando propusimos al P. Fabián la idea de hacer una revista mural abierta a  todo el alumnado, la acogió con mucho agrado. Pero para ello había que elegir a un pequeño grupo, de entre los seráficos de entonces, que compondría el equipo de redacción para encargarse del tema. Y quiero recordar que se hizo por VOTACION ESCRITA Y SECRETA en la clase más amplia que estaba situada al final del pasillo en la zona de aulas. Me parece que en esa votación participamos todos los alumnos, menos los de primer curso que estaban recién llegados y que todavía casi no conocían a los posibles elegidos.

Y, ojo al dato, el resultado no pudo ser más equilibrado. Hubo un EMPATE A VOTOS entre JUAN DE MADRID e ILDEFONSO DE CORDOBA. Creo que fueron 38 votos cada uno. Por tanto, hubo que repetir la votación y en esa segunda ronda ya salí yo como director, por lo que Juan de Madrid quedó de subdirector. También creo que formaron parte del equipo José Antonio de El Viso (dibujante de lujo), Manuel R. Rey de Las Minas, Alfonso R. Peralbo de El Viso,  Rafael Pozo de Puente Genil y José Polo de Cortegana. Este último compañero era un mecanógrafo magnífico, el único que en todo el colegio manejaba la máquina tecleando con todos los dedos y a unas pulsaciones envidiables. Sobre él recaía la pesada tarea de mecanografiar todos los artículos que fueron saliendo en aquellos folios a dos o tres columnas en los que también se nos anunciaba la película que se iba a proyectar la siguiente semana.

Esta es la anécdota. Que en nuestro Colegio de Antequera nos anticipamos 20 años a la democracia y los seráficos tuvimos la primera votación libre, por escrito y secreta, sobre este tema concreto. Aquella votación fue presidida y escrutada por el P. Fabián exclusivamente.

Quizás he omitido algún nombre de aquel equipo y algún dato más, pero es que no lo recuerdo. Si alguno, como Otura, conserva memoria de algún detalle más, que lo aporte, por favor.

Un abrazo con Paz y Bien para todos.

Ildefonso de Córdoba.

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El Adalid Seráfico (Núm: 2143)

            Hace unos días me llegó el ejemplar de “El Adalid Seráfico” correspondiente a Noviembre-Diciembre de 2012.

            Cuando comencé a leerlo, me llevé dos alegrías enormes:

1ª.- El editorial titulado ¡Feliz Navidad, con buey y mula! y el hermoso artículo que el actual Papa había dedicado al tema en su etapa de profesor. Artículo que yo desconocía.

2ª.- El ver publicada la preciosa poesía de nuestro querido Ildefonso de Córdoba, “La oración de los hijos”.

Mi primera alegría, tiene sus motivos. Cuando el Papa Benedicto XVI, publicó su libro “La infancia de Jesús”, leí en prensa y escuché por radio que el Santo Padre afirmaba que, en el Nacimiento no hubo, ni mula, ni buey y que cabía la posibilidad de que los Reyes (Magos) fueran andaluces. He de confesar que atendiendo a tales noticias periodísticas, craso error por mi parte, comenté para mis adentros, sin ningún respeto: “¿No tendría el Papa tema más interesante que tratar, ni comentario más importante y oportuno que hacer?”.

Al cabo de dos o tres días, tuvo que ser un protestante declarado, D. César Vidal, quien manifestara, en un programa de radio, que, tras leer el libro del Benedicto XVI, no encontraba sitio alguno donde se afirmaran tales cosas. No leí, ni oí, ninguna voz del ámbito de la Iglesia que se alzara en defensa del Pontífice. Lo que sí me propuse entonces fue adquirir el libro. Mi querida mujer, Carmen, al conocer mi interés, intentó conseguirlo, pero estaba agotado. Por fin, logró regalármelo en Navidad.

Estaba leyéndolo cuando recibí “El Adalid Seráfico” y de ahí mi alegría al comprobar que nuestra revista se hacía eco del tema y se unía a la tesis del buen protestante, reforzándola con el antiguo artículo del Papa. Yo he podido comprobar, con la lectura del libro, que no son ciertas ninguna de las dos noticias que dieron en prensa y radio (se puede corroborar en el libro, leyendo sus págs. 74, 75 y 76 –para el buey y la mula – y págs. 101, 102 – para el tema de los Magos). Sin embargo, ambos infundios “vendían”, que era de lo que se trataba.  Recomiendo a todos la lectura de  “El Adalid”.

La segunda alegría también está bien motivada. La poesía de Ildefonso me transportó al momento del VI encuentro de Antiguos Alumnos, en el que nos deleitó con su lectura desde el altar mayor. Esa magnífica poesía, yo la he recitado cientos de veces, porque me encantó y, allá por el año 1959, la copié de nuestro “Sputnik” y aún la conservo. Tan de mi agrado es, que puedo recitarla de memoria.

Estas dos cosas reviven algo que tengo en mente desde el mencionado encuentro en Antequera: La revista contribuye a mantener en nosotros el espíritu franciscano, por lo que animo a todos a su lectura, y este blog hay que “menearlo”, cada día más, con participación generalizada. A ello, sin duda contribuiría algo que, el último día del citado encuentro comenté con Baldomero Maya, José Manuel Chacón y sus mujeres: que nuestras damas, cuya integración en el grupo me pareció admirable, se animen a participar en este medio. Contando experiencias propias. Relatando amistades que se hayan consolidado en los encuentros. Ensalzando nuestras cualidades (es broma y, sin duda, muy presuntuoso por mi parte). Intercambiando recetas, si les place, etc. ¡Anímense señoras!. Y, ya que tanto nos habéis ayudado a lo largo de nuestras vidas, seguid haciéndolo ahora. Si vosotras os metéis en este “ajo”, seguro que perdurará.

Gracias a la revista y gracias a Ildefonso.

Un fuerte abrazo para todos.

Manolo “Zuheros”.

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Cantos de entonces

Partitura de Balada Gallega – Audición de Balada Gallega

Partitura de La esclava – Audición de La esclava

Partitura de Pastora bendita – Audición de Pastora bendita Pastora del alma

Comentario a los cantos.

  1.  Pastora bendita, Pastora del alma: el canto es del P. Félix Segura, un antiguo sacerdote de la diócesis de Granada, siempre muy en contacto con los Capuchinos, que tiene varios cantos a la Divina Pastora. Alguno de vosotros me lo habéis pedido, por el grato recuerdo que nos trae de aquellos días. Es muy sencillo, aunque hay una parte en que se canta a dos voces, donde se van alternando la primera y la segunda. Cuando lo escuchéis os traerá a la memoria muchos momentos. A mi me recuerda la noche de los sábados cuando, después de confesar y cenar nuestro arroz con leche, lo cantábamos en la capilla.
  2. Una esclavita: Nosotros decíamos  “Un cubanito”. A alguno de nuestros padres en religión no le hacía gracia dedicarlo a una persona del otro sexo y nos cambió la letra. Recuerdo al P. Demetrio dirigiéndolo. En más de una velada lo cantamos en el salón de actos. Notaréis que el Bajo va cantando una melodía que se va compaginando con las voces primera y segunda formando un dúo. Yo recuerdo buenas voces de Bajo: Trigueros, Eugenio Altuzarra, Juan Luis de Alcolea, Agustín de Antequera, reforzados con el P. Patricio.
  3. Balada gallega: Este canto lo recordarán los más antiguos, allá por los años 1962 al 1965, lo cantábamos en Moguer y Sanlúcar, cuando éramos novicios y filósofos. No sé si llegó a cantarse en Antequera. Los teólogos de Sevilla adquirieron un disco de canciones gallegas, entre otras, esta Balada Gallega, S. Benitiño …y otros, y consiguieron escribirlo a oído sacándolo a cuatro voces. Había auténticos especialistas: la letra la conseguía Arturo de Muros (gallego él), Alberto de Galaroza,Valentín de Chucena, que reside hoy en los Capuchinos de Granada (P.Viñolo), de voz prodigiosa de tenor, muy parecida a la del P. Honorio, y nosotros con Pepe de El Viso, mi tío, la preparábamos y la cantábamos. La Balada es larga, pero preciosa. Escuchadla.

 Un abrazo. Feliz año nuevo de  Paz y Bien

Felipe Granados de El Viso (años 1956-1965)

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